20 de abril, 3 años después

La vida, con sus buenas y malas noticias, continúa. El nacimiento de mi sobrino me apartó por unas horas de lo que ocurre en Venezuela y el mundo. Tal vez sea así algunos días más. Las noticias hermosas tienen el don de perpetuarse en el tiempo.

Hoy, 20 de abril, se cumplen cuatro años de un acontecimiento que viví en primera persona: el derrocamiento de Lucio Gutiérrez, presidente hasta ese día del Ecuador. De aquellos vientos se cosechan las tempestades constituyentes y llenas de correazos que azotan hoy a ese país.

Rememoro lo que ocurrió aquel día, con un escrito de ese entonces.

La Rebelión de Abril
-Quito, Luz de América-

I
Con el permiso de mis amigos y conocidos ecuatorianos, quiero escribir sobre los acontecimientos que han sacudido al país, especialmente a Quito. En lo personal, lo que está ocurriendo en el Ecuador me trae muchos recuerdos e inmediatas conexiones con otros momentos que me ha tocado vivir.

Tengo un raro privilegio: haber vivido muy de cerca importantes acontecimientos ocurridos en Latinoamérica los últimos 15 años: la explosión social conocida como El Caracazo (1989); dos intentos de golpe de Estado en Venezuela (1992); la destitución de Carlos Andrés Pérez en Venezuela (1993); la rebelión civil del 11 de Abril contra el gobierno de Hugo Chávez (2002); la Guerra del Gas que marcó la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada en La Paz, Bolivia (2003) y, finalmente, la rebelión de abril (también llamada la rebelión de los forajidos) que culminó con la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez, en Quito - Ecuador.

Tan curioso resulta este raro privilegio, que muchos de mis conocidos empiezan a ver con cierto temor que me acerque al país donde viven. Más allá de lo gracioso de los comentarios, también a mí me parece un poco extraña esa seguidilla de acontecimientos sociales y políticos en mi vida.

Los procesos vividos en los 3 países tienen referentes comunes. Venezuela; Bolivia y Ecuador han atravesado en los últimos 25 años por una serie de cambios en lo político, social y económico; que han desembocado en sendas crisis. Pero aclaremos que no solo estos tres países han padecido circunstancias adversas.

Latinoamérica ha vivido sucesivos acontecimientos que parecen interminables: el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán (Colombia, 1989); la destitución de Fernando Collor de Melo (Brasil, 1992); el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (México, 1994); el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio (México, 1994); la Guerra de la Cordillera del Cóndor o Guerra del Cenepa (Perú – Ecuador, 1995); el golpe de Estado contra el gobierno de Juan Carlos Wasmossy (Paraguay, 1996); la caída de Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997); la renuncia y huída de Alberto Fujimori (Perú, 2000); la caída de Jamil Mahuad y el golpe de Estado del Coronel Lucio Gutiérrez (Ecuador, 2000); la Guerra del Agua contra la privatización del la empresa del agua en Cochabamba (Bolivia; 2000); la revuelta civil que derivó en la caída de Fernando de La Rúa y luego de Adolfo Rodríguez Saá (Argentina, 2001); etc.

El viejo sueño de integración de Simón Bolívar y los ancestrales anhelos de paz y progreso en el continente parecen hoy más lejos que nunca.

Ecuador

Los antecedentes

Como toda situación política – social, la del Ecuador es compleja, y sus orígenes se pueden rastrear hasta los inicios de la República. De todas maneras, intentaré una aproximación.

Seguramente todos coincidan en que el año 1996 fue clave en la historia reciente del Ecuador. En agosto de 1996 fue electo Abdalá Bucaram por una mayoría y apenas 186 días después fue destituido por el Congreso Nacional, en medio de una escalada de protestas en las calles de las principales ciudades del país. “El Loco” Bucaram, como él mismo se llama, huyó despavorido a Panamá, donde permaneció asilado hasta principios del mes en curso.

Sin embargo, como ha ocurrido en otros casos en Latinoamérica, un presidente expulsado sigue manteniendo alguna cuota de poder e influencia en el escenario político. Recordamos a Carlos Andrés Pérez (Venezuela), Carlos Menem (Argentina) y Fujimori (Perú). Bucaram, líder del PRE (Partido Roldosista del Ecuador), siguió siendo actor fundamental del escenario político del país.

Según cuentan las malas lenguas políticas, Abdalá Bucaram cogobernaba al país desde Ciudad de Panamá e intentaba volver de manera “limpia”, sin que fuese apresado por los juicios y sentencias que había en su contra. Para ello, necesitaba un Poder Judicial favorable, lo cual consiguió el 8 de Diciembre de 2004, cuando una mayoría oficialista en el Congreso Nacional destituyó a la Corte Suprema de Justicia (en aquel entonces, con mayoría de magistrados favorables al PSC, Partido Social Cristiano, liderado por el ex – Presidente León Febres Cordero).

Antes, el PSC intentó en el Congreso Nacional un juicio contra Lucio Gutiérrez, que no prosperó. Lo que desató la reacción airada del Gobierno, que buscaba asfixiar al PSC y neutralizar su radio de acción política en el Congreso y en la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

El ex partido oficialista, Sociedad Patriótica (SP), fue uno de los principales instrumentos del Gobierno para sustituir el poder de los partidos tradicionales, señalados como defensores de intereses oligárquicos. Según entiendo, Sociedad Patriótica es uno de esos engendros políticos que nacen, crecen y se nutren de la savia de su líder – fundador – mentor – caudillo – presidente; construidos al calor de las campañas presidenciales como maquinarias electorales. Casos como el de SP y Lucio Gutiérrez los hemos visto en Venezuela: en las elecciones de 1993, Rafael Caldera, fundador del partido social – cristiano COPEI, se vio en la necesidad de formar otro partido para poder ir a las elecciones, el hoy casi desaparecido Convergencia. Otro caso más reciente es el del Movimiento Quinta República (MVR), la máquina electoral del gobierno de Chávez.

Volviendo al Ecuador, la nueva CSJ, nacida con plomo en el ala, asumió sus funciones siendo mayoría favorable a Sociedad Patriótica y al PRE de Bucaram.

El Regreso

La nueva CSJ “cocinó” el retorno legal del ex – presidente Abdalá Bucaram, y de otros dos personajes: Gustavo Noboa (ex – presidente de la República) y Alberto Dahik (ex – vicepresidente de la República). La llegada de ellos, especialmente la de Bucaram, cambió el mapa político del país.

Para mala suerte de Bucaram, un personaje con un ego desbordado, su regreso ocurrió el día que murió S.S. el Papa Juan Pablo II. La muerte del Papa restó brillo y espectacularidad al publicitado regreso. Bucaram, llegó a Guayaquil, su principal bastión político, en medio de un show político – farandulero - mediático, con tarima y todo, como les gusta a estos personajes nacidos de alguna obra de realismo mágico.

Ese día, pude ver parte del discurso de Bucaram en la televisión. Y la verdad es que quedé bastante sorprendido por dos cosas: la primera, una pancarta detrás de la tarima que decía algo así como “Solo Dios sabe lo que hemos sufrido en tu ausencia Abdalá”. Solo a una mente retorcida y desesperada por alabar al personaje del ego desbordado se le puede ocurrir una cosa semejante. Segundo, el discurso absolutamente grotesco, no solo en las formas sino también en el fondo. Si algo me espantó, fue escucharle decir que regresaba “más loco que nunca” y que venía a “encabezar la revolución bolivariana de Chávez en Ecuador”. Lejos del gesto gracioso, para mí y para quienes conocen mi repudio hacia el gobierno venezolano, estas palabras resumían el preludio de una tragedia nacional.

La Crisis

La llegada al país de Bucaram, Noboa y Dahík, renovó las fuerzas de la oposición, encabezada por los alcaldes de las principales ciudades del país: Paco Moncayo, Alcalde de Quito y Jaime Nebot, Alcalde de Guayaquil.

La Asamblea de Quito, organismo coordinador de las fuerzas de la oposición en la ciudad, decidió llamar a un paro general de actividades el día miércoles 13 de abril. En medio de una división de las fuerzas opositoras, quienes no lograron ponerse de acuerdo sobre la “metodología”, Quito y otras ciudades de la Sierra decidieron paralizarse el día miércoles. Quito amaneció sin transporte público y con muchos comercios cerrados. Sin embargo, a medida que fue pasando el día, se notaron cada vez más actividades comerciales en la calle.

Las fuerzas de la oposición convocaron a movilizaciones en las calles, mientras la Policía Nacional había tomado los puntos álgidos de la ciudad de Quito. Parecía que la orden era no dejar que ninguna concentración y/o movilización tomara vuelo, pues todas fueron disueltas a punta de bombas lacrimógenas, con un saldo de cerca de 80 heridos en la capital.

En la noche al hacer la evaluación, el entonces Presidente Lucio Gutiérrez, se atribuyó el éxito en el match político al declarar en cadena nacional que el paro había fracasado. Bastó y sobró que el Presidente abriera la boca, para que Quito se lanzara a las calles pasadas las 8 de la noche, gracias a la convocatoria de oyentes en una emisora de radio. A punta de cacerolas, los quiteños protestaron en diversos puntos de la ciudad, sin ninguna convocatoria de los líderes políticos de la oposición. Las movilizaciones llegaron a la sede de la CSJ y a la residencia del Presidente Gutiérrez.

La crisis apenas comenzaba.

Forajidos y otras Tonterías

Al día siguiente, supongo que aún con el estruendo de las cacerolas repicando en su cabeza, el Presidente Lucio Gutiérrez con la soberbia a flor de labios, declaró que personas que fueron en Mercedes – Benz hasta su casa habían violado su privacidad y la de su familia, y que él mismo le seguiría juicios a esos forajidos.

¿Por qué será que los Presidentes cada vez que abren la boca para insultar a un sector de la población sufren un revés gramatical y de significados? Recuerdo perfectamente cuando un boxeador - presidente, Hugo Chávez, descalificó a quienes de la oposición protestaban en las calles, llamándolos escuálidos. De ahí en adelante, los opositores en Venezuela se autodenominaron escuálidos y salieron en millones a las calles para sacar al gobierno. Lucio Gutiérrez calificó de forajidos a quienes protestaban contra él… de ahí en adelante, los quiteños han salido en masas a las calles, proclamando con orgullo su nueva identidad forajida.

El gobierno de Lucio Gutiérrez también cometió los mismos errores que cometen los gobiernos a punto de caer. Revisemos algunos clásicos:

- Proclamar insistentemente a los cuatro vientos que el Presidente ha sido electo democráticamente por los ciudadanos y que, por tanto, debe respetarse el período completo. Como si una elección democrática fuese un cheque en blanco para cometer desmanes poco democráticos durante el ejercicio del poder. La legalidad y legitimidad de una elección no es igual a legalidad y legitimidad de desempeño.

- Desestimar y descalificar públicamente las protestas ciudadanas. La descalificación de las protestas tiene varios frentes: identificar la protesta con un color político; identificar la protesta con un sector social (últimamente “la oligarquía” es el sector preferido); decir que son unos pocos los que protestan (solo 10 mil personas, que no son ni el 1% de la población total), asumiendo que el resto de la población por no salir a las calles apoyan al Gobierno de turno.

- Denunciar que detrás de las protestas hay poderosos intereses nacionales e internacionales (o imperiales) que pretenden dar un golpe de Estado.

- Hacerse los que no entienden el por qué de las protestas. Si hemos reducido la pobreza, si hemos luchado como nadie contra la corrupción, si hemos acabado con las oligarquías, si hemos… los angelitos que no han hecho sino el bien por la humanidad no pueden entender por qué las personas protestan. Como si repetir mil veces un solo mensaje logrará lavar miles de cerebros al mismo tiempo, como si las personas no sintieran que quienes los dirigen están profundamente desconectados de sus realidades.

- Atrincherarse en el Palacio de Gobierno, tras los tanques, concertinas y cientos de soldados fuertemente armados.

En un acto que parecía de desesperación, el Presidente Gutiérrez rodeado del Alto Mando Militar y su Gabinete ministerial, en cadena nacional, el viernes 15 cerca de las 9 de la noche, decretó un estado de emergencia en el área metropolitana de Quito “ante la grave conmoción interna”. Sin dudas, la sinfonía de cacerolas había alterado los nervios del Presidente, quien se mostró demacrado ante las cámaras.

El decreto de emergencia restringía las garantías constitucionales de expresión, movilización, privacidad y de inviolabilidad de domicilio; por lo que quedaron prohibidas las reuniones, la libertad de expresión, permitiendo además que las autoridades pudieran ingresar sin orden judicial a los domicilios particulares y requisar temporalmente los bienes privados.

Si el Presidente pretendía acallar las protestas, lo que hizo fue echar gasolina al fuego: las protestas aumentaron y los ciudadanos de Quito salieron a las calles en un impresionante acto de desobediencia civil. Las calles se llenaron de concentraciones, cacerolazos, bocinazos hasta pasadas la medianoche.

Las protestas populares, la presión del Ejército y de Estados Unidos (según el diario El Comercio), le torcieron el brazo al Gobierno y obligaron a echar para atrás la medida, apenas 20 horas después de tomada.

El Gobierno había perdido otra batalla.

Ruido versus Silencio

Mientras crecía la intensidad de la protesta, convertida en manifestaciones nocturnas en forma de cacerolazos, bocinazos y cánticos en las concentraciones (¡Lucio fuera, Lucio fuera!... ¿Y dónde está, que no se ve, el maricón del Coronel?... ¡Vamos Quito! ¡Quito no se ahueva carajo!... ¡Lucio te jodiste, con Quito te metiste!), los medios de comunicación permanecieron en un incomprensible silencio. Bueno, no tan incomprensible, si hemos aprendido que detrás de los grandes medios de comunicación se teje una maraña de intereses de todo tipo.

Pero si a muchos les pareció obsceno el silencio de las televisoras privadas el 13 de Abril de 2002 en Venezuela, tras el regreso de Hugo Chávez, seguramente les hubiese repugnado el silencio que guardaron durante una semana los medios en Ecuador. Fue una escisión tremenda entre lo que ocurría en las calles y lo que ocurría en las pantallas y emisoras de radio.

Solamente dos canales de televisión de señal abierta, emitieron esporádicos flashes sobre lo que ocurría. Y, una emisora de radio, La Luna, fue la única que dejó en claro su tono opositor y la que amalgamó la protesta cívica, convocando o estimulando las concentraciones y marchas. Solo el día final del régimen, ante lo inevitable de la caída del Gobierno y tras los terribles acontecimientos que estaban en marcha, los canales de TV y las emisoras de radio abrieron su señal para mostrar en vivo lo que ocurría.

Realmente desconozco la trayectoria de los medios en el Ecuador y su grado de compromiso político y/o social. Sin embargo, creo que quedaron desnudos ante los ecuatorianos y quedaron realmente desconectados de la realidad del país. Convirtieron su poder de comunicación y persuasión en una gran debilidad, al pretender tapar el sol con un dedo. Lecciones para la historia.

El desenlace. La caída.

El martes 19 de abril, fecha de gran significación para los venezolanos (en 1810 se dio el primer paso para la independencia de España), los quiteños se dispusieron a marchar hasta el Palacio de Carondelet o Palacio de Gobierno. La marcha se produjo en horas de la noche, con una asistencia estimada en más de cien mil personas.

Los primeros reportes indicaron que la Policía bloqueó todos los accesos posibles a Carondelet (ubicado en el centro histórico de la ciudad, Patrimonio Cultural de la Humanidad), mientras intentaba dispersar a los manifestantes. Como suele ocurrir, la brutal represión de la policía no amilanó a los manifestantes, quienes decididos a ir hasta las últimas consecuencias, batallaron hasta casi las 4 de la mañana. El saldo final de la noche fue trágico, un muerto y decenas de heridos en una batalla desigual.

Esa misma noche del 19 de abril, el primo del Presidente Gutiérrez, Renán Borbúa, anunció desde Guayaquil Marietta; Santiago; Mariella; Gaby y Carlosel traslado hacia Quito de cinco mil partidarios del Presidente en 150 autobuses, para defender el Palacio de Carondelet. Ese hecho, para mí, marcó la caída del Gobierno, pues un anuncio de esa naturaleza no es más que el preludio de enfrentamientos a sangre y fuego entre compatriotas.

El 20 de abril, la ciudad de Quito amaneció dispuesta a todo. Desde tempranas horas, cientos de autos en las calles protestaron a través de sus bocinas, mientras que desde las emisoras de radio ya se daba cuenta de la llegada a Quito de los 150 autobuses a través de las distintas entradas de la ciudad. Los ciudadanos intentaron impedir a toda costa el acceso de los buses, bloqueando con sus autos y con sus cuerpos las vías de acceso a la ciudad. Pero una escandalosa operación de la Policía y del Ejército, despejó algunas vías para que pasaran los buses. Aún así, no todos pudieron ingresar. Rápidamente, Quito se convirtió en un caos por las innumerables barricadas puestas por los ciudadanos y por la Alcaldía en defensa de su ciudad. La invasión a Quito había tomado un giro espeluznante.

Desde las emisoras de radio, los reporteros describían la actitud de agresividad manifiesta de los partidarios del Coronel. Armados de machetes, bates de béisbol (una rareza en Quito, no así en Guayaquil), palos, los fervientes defensores del gobierno pasaron rápidamente a la acción, rumbo a Carondelet.

Paralelamente, desde tempranas horas, los estudiantes de colegios y universidades salieron a las calles rumbo al Palacio para protestar. En más de una ocasión, tuvieron que enfrentarse abiertamente a la Policía y a los partidarios del Coronel, mientras más y más ciudadanos se incorporaron a la marcha.

Desde las ventanas de un edificio del Ministerio de Bienestar Social, ruta obligada de los manifestantes, asesinos armados con pistolas dispararon a la multitud, mientras otros partidarios del Gobierno disparaban desde la calle, corrían y se camuflaban entre la Policía. El horror de ver a ciudadanos ecuatorianos disparándole a otros ciudadanos ecuatorianos no hizo sino revolverme en la memoria los hechos del 11 de Abril de 2002, en Caracas. Desde afuera, los manifestantes recurrieron a todo lo que podían, piedras y bombas molotovs, hasta que lograron incendiar el edificio. El caos, la confusión fue aprovechado para entrar y saquear el edificio, mientras eran capturados 25 sujetos incursos en la “contramanifestación”

Cerca del mediodía, ya la situación no daba para más. Era evidente que a Lucio Gutiérrez solo le quedaban pocas horas antes de irse, y la gran pregunta era cómo terminaría Lucio.

Paralelamente, el Congreso Nacional intentó sesionar en medio del miedo que recorrió el espinazo de los diputados al ver lo que se les venía encima. De los 100 diputados, solo 62 sesionaron (casi 2/3 del total). Legalmente, entiendo que el Congreso puede sesionar si es convocado por más de la mitad de los diputados (51), sin convocatoria del Presidente del Congreso e instalarse en cualquier locación. Lo que no me queda claro es si el Congreso puede destituir al Presidente con las 2/3 partes de los diputados presentes o con las 2/3 partes del total de diputados del Congreso. Si la figura es esta última, la destitución de Lucio Gutiérrez sería, per se, inconstitucional.

Otro asunto es la causa de la destitución. A Lucio Gutiérrez se le destituyó por abandono de cargo, figura explicada por las reiteradas violaciones del Presidente a la Constitución. Pero, desgraciadamente, es un hecho público y notorio que al momento de su destitución, el Presidente Gutiérrez aún despachaba, daba órdenes y emitía decretos desde el Palacio de Carondelet. Lo cual complica de sobremanera las explicaciones que hay que darle ahora a la famosa Comunidad Internacional, especialmente a esa especie de Junta Vecinal de nuestro barrio que es la OEA.

¡Viva Quito!

Pase lo que pase ahora, me queda el recuerdo de un aguerrido pueblo quiteño en las calles. Nunca olvidaré la resistencia a la Policía y al Ejército alrededor del Palacio de Carondelet, ni la invasión de la pista del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito por parte de manifestantes para impedir la salida del avión en el que huiría Lucio Gutiérrez, ni la aguerrida protesta frente a la Embajada de Brasil (que ya ocasionó el malestar del Gobierno de Lula), ni las barricadas que los quiteños pusieron en las principales avenidas y vías de acceso a la ciudad.

La defensa de la ciudad, a costa de la vida si era necesario; la defensa de los derechos políticos y sociales de los ciudadanos, sin la intromisión o participación de los líderes políticos, al grito de ¡que se vayan todos!, creo que conforman un nuevo escenario en el desarrollo político de América del Sur: los pueblos no van a dejarse pisotear sus derechos por muy dictadores que se consideren sus presidentes; que los líderes políticos comenzarán a verse en figurillas pues sus procedimientos usuales ya no sirven para las complejas realidades sociales; que la política como tal tendrá que actualizarse para ir al mismo ritmo de las demandas sociales; que la Comunidad Internacional no está lista para enfrentarse a las demandas de los pueblos que la componen.

¿Y ahora qué?


Es importante entender el proceso histórico e inédito que está viviendo el Ecuador, para no repetir errores propios o errores cometidos por otros. He escuchado con insistencia en estos días dos temas que me dan vuelta: las asambleas populares (AP) y una asamblea nacional constituyente (ANC). He oído de la necesidad de refundar la nación, de comenzar de cero, de que se vayan todos.

Demandas legítimas para una población hastiada de ver cómo sus dirigentes se burlan de ella hasta el final, hasta que les toca huir a través de un acto de burla adicional (escaparse del país). Demandas comprensibles, en medio de la pobreza económica y de la pobreza intelectual y política de la dirigencia del país.

Pero demandas que, desde mi punto de vista, deben verse con mucho cuidado, pues las asambleas populares y las asambleas nacionales constituyentes, generalmente traen más problemas que los que intentan resolver. En teoría, una ANC tiene como objetivo refundar al país desde sus bases legales y políticas; redefinir las relaciones entre los ciudadanos y el Estado y redefinir los modelos estructurales de las principales instituciones. Una teoría única y hermosa. Pero en la práctica, los países no pueden “refundarse”, pues son herederos de una historia y de un modus vivendi, una forma única de ser país. Nadie está amarrado a su historia pero sí está condicionado a ella; eso quiere decir que empezar de cero es un absurdo social (si cabe el término), caben las transformaciones, los cambios, las reformas… pero no empezar de cero.

Cuidado Ecuador. La ANC es un canto de sirenas cuando las poblaciones están hartas… pero no es más que eso, es una trampa que ciertas especies políticas montan a la población para posicionarse como redentores de los nuevos tiempos. Es una manera más sofisticada de alcanzar el poder político para algunos. Pero es mentira que una ANC sirva para darle poder al pueblo. Ya ahondaré en otro momento sobre el tema, pero me preocupa sobremanera que del Mesías convertido en líder (Lucio Gutiérrez) se pase ahora al Mesías convertido en idea (ANC).

II

Toda esta crisis socio – política me hace reafirmar mi profundo interés en los procesos de nuestros países. La crisis que hoy vive Ecuador es una cara más de la crisis general que viven nuestros países latinoamericanos, especialmente los países de la Comunidad Andina (Bolivia; Colombia; Ecuador; Perú y Venezuela).

Una vez más me ha tocado vivir un levantamiento popular, una rebelión civil, que obliga a las cúpulas políticas y militares a tomar decisiones inmediatas y muchas veces sin criterio. En estas horas críticas para el Ecuador, se ha visto el material de que estamos hechos los latinoamericanos: somos herederos de viejas glorias libertadoras pero también somos constructores de nuevos rumbos, aún cuando no tengamos claro el desenlace de esta crisis latinoamericana ni de la ecuatoriana.

Ojalá la OEA no destruya en actas y en declaraciones la gesta del pueblo del Ecuador. La Rebelión Civil de Quito, en la primavera del 2005, a pesar de que es un signo más de la crisis latinoamericana, también representa una bocanada de aire puro en medio de la contaminación y ahogo en el que están sometidos algunos de nuestros países… y sin dudas, pondrá al descubierto la madeja de intereses que privan en las relaciones entre países. Ojalá que la sensatez y no el petróleo, no los intereses de proyectos políticos continentales, no los intereses económicos locales, sea el principal soporte del Ecuador en estas horas de tensiones.

El Ecuador y los ecuatorianos se merecen un final feliz a esta crisis política.

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