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Chávez, C.A. ® (II)

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En el libro "El Culto a las Marcas", David Atkin plantea similitudes entre lo que son los cultos religiosos y lo parecido que han logrado hacer algunas marcas.

Marcas como Apple; Harley-Davidson; Saturn; Body Shop; WWF son nombradas con frecuencia a lo largo del libro como ejemplos concretos de hasta dónde se puede llegar.

El mismo análisis puede hacerse de organizaciones y personas, en cualquier ámbito. El terreno político se presta por la constante exposición que tienen los partidos y los políticos frente a los ciudadanos.

Eso me lleva a pensar en las marcas Obama™ y Chávez ® como susceptibles de análisis.

Según Atkin:
... para atraer a personas (...) los cultos y los cultos a las marcas tienen que funcionar como "faros en el horizonte". Los cultos tienen que cultivar el concepto de separación y de hogar en todos aquellos que se sienten desamparados. Para crear un sentimiento de separación compartido por los miembros de su organización tendrá que:

  1. Definir su particular sentimiento de diferencia.
  2. Declarar su diferencia dándole cuerpo en una doctrina y con un lenguaje propio.
  3. Desmarcarse uno mismo del mundo exterior.
  4. Demonizar al otro.
La primera parte, la de definir el particular sentimiento de diferencia, tiene que ver (en el caso Chávez ®) con el descontento con el sistema establecido que encontró el chavismo a partir de 1992, acentuado en 1998.

Muchos encajaron en ese descontento en 1998 que, convenientemente canalizado y traducido por el chavismo en votos, permitieron la llegada a la presidencia de su líder. Pero el descontento que en principio era masivo y heterogéneo -por tanto, más plural y cercano a lo democrático-, fue rápidamente desactivado, una vez se logró el objetivo electoral: la toma del poder por la vía pacífica.

La segunda parte, la de declarar su diferencia, ha sido concretada en diversas oportunidades por el propio presidente Chávez. A muy grandes rasgos, el chavismo ha tenido tres momentos de definición "ideológica" (al menos de definición nominal): primero fue la opción "patriótica", desde 1992 hasta la llegada al gobierno en 1998. Luego fue postulado el "bolivarianismo" como guía, lo cual duró más o menos hasta el referendum revocatorio de 2004. Y, el último avance nominal fue el llamado "socialismo del siglo XXI".

En cada paso, se ha decantado movimientos políticos y personajes que hicieron vida pública con el presidente Chávez, a la vez que se han trazado estrategias y tácticas políticas diferentes.

Así como se habla del socialismo del siglo XXI, se difama y degrada -como la antítesis que hay que desaparecer- al llamado capitalismo salvaje.

El tercer punto, desmarcarse del mundo exterior, es fácil de comprobar. Dice Atkin que "los rituales, la apariencia, la doctrina y la conducta de sus miembros establecen una frontera entre el culto y la norma dominante".

Basta ver cualquier acto público del chavismo para entenderlo. Por ejemplo, la adoración al líder es un ritual que se repite constantemente en forma de propaganda, adulación descarada y directa, el "aplausionismo" compulsivo e irracional -que me perdonen los puristas del lenguaje-, la vestimenta rojo sangre, los mismos vocablos del líder repetidos incesamente por sus ecos.

Eso por no hablar de la hostilidad desafiante frente a la prensa no comprometida con el oficialismo; frente a los empresarios; y frente a todo aquel que quiera romper la ilusión de armonía del culto.

El argot usado por un Chávez enamorado de su propia imagen y voz, en interminables alocuciones televisadas, es imprescindible para cohesionar a los devotos.

Lo de "demonizar al otro" es uno de los aspectos que más ha cuidado el chavismo, acaso por ser el más fácil de poner en práctica: es en lo que más se ha esmerado el verbo incendiario del presidente.

Escuálidos; escualidismo; estupidismo; pitiyanquis; pitiyanquismo; oligarcas; oligarquía; demonios; golpistas; fascistas; cuarta república; bushistas, imperialistas; ricos; ricachones; terroristas; racistas;
y muchas otras balas que han salido de la metralla verbal presidencial. Balas verbales que, por cierto, han instigado al uso del otro tipo de balas.

Para cerrar, por ahora, dejo estas palabras de Atkin:

"... los demonios intangibles pueden permitir a un culto o a una marca representar las amenazas sin límites de tiempo para ellas... Los intangibles tampoco están sometidos a las limitaciones de tamaño. Aunque Apple llegara a crecer tanto como Microsoft o IBM, estas organizaciones nunca perderían su credibilidad como amenazas para la comunidad Mac...

... Un culto o un culto a una marca deben funcionar como un faro para atraer a todos aquellos que están descontentos con el status quo. Para conseguirlo, debe identificar la fuente en la que beberá su potencial sentimiento de separación... Para llamar a los descontentos, una organización debe librarse a sí misma de las normas de la cultura y declarar y demostrar su separación ante aquellos que se sienten excluídos..."

Continuará...

Chávez, C.A. ®

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Hace pocos días comenté que casi estaba convencido de que el apellido Obama era una de las marcas más poderosas que se habían construído los últimos años.

Mentí. Estoy convencido que eso es así.

La sabiduría popular nos recuerda que "es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio": es fácil ver y entender desde lejos todos los movimientos políticos que han hecho los estrategas del presidente Obama para "convertir" su apellido en una marca; pero es más difícil y duro de entender que en Venezuela tenemos nuestro propio trademark: el presidente Chávez.

A lo mejor me odiarán por comparar peras saludables con manzanas podridas (Obama y Chávez), pero no hay más coincidencias que la consideración de ser una marca.

La marca "Obama" está recien lanzada al mercado mundial, mientras que la marca "Chávez" ya tiene tiempo en el mercado y ha dejado ver todas sus costuras en lo nacional e internacional. La marca "Obama" genera esperanzas en algunos; la marca "Chávez" provoca una mezcla de miedo y risa en otros.

Hay un libro muy bueno de Douglas Atkin, "El Culto a las Marcas", que puede servir de guía para un análisis de este corte. Atkin plantea una "conexión entre las creencias religiosas y el vertiginoso consumismo de esta sociedad de comienzos de siglo". Creo que es un buen marco teórico como para lanzar algunas ideas sobre el tema.

Para entender un poco los planteamientos de Atkin, sugiero leer una entrevista corta: http://www.presston.com/feedback/art.asp?id=303

Por cierto, todo esto tiene que ver con algo que dijo el presidente Chávez ayer... uno de esos tantos "se me ocurrió" que rápidamente se convierten en plan de gobierno (extraído de Noticias 24):

... (El presidente Chávez) informó que los alimentos y bebidas no alchólicas tuvieron un incremento del 0,2% en el mes de febrero. “Casi en cero, porque estamos golpeando duro la especulación y el acaparamiento”, dijo.

Por otro lado, dijo que en el caso de los restaurantes y los hoteles, la inflación continúa incrementándose. “Claro, porque casi todos son privados. Yo voy a tener que inventar unos restaurantes populares para que la gente vaya”, dijo

“¿Quiere usted cenar con su señora el día de los enamorados? Restaurante Chávez”, agregó.

Garantizó que tendrá la mejor “atención y calidad de servicio...”

Lo del Restaurante Chávez no es casualidad. Es producto del "branding" más descarado, burdo y tenebroso que se ha hecho en la Venezuela de comienzos de siglo.

Paradójicamente para el presidente venezolano, esas prácticas de branding desnudan una inconsistencia ideológica profunda:

La marca Chávez, C.A. ® vende socialismo a precios del capitalismo más salvaje de todos los tiempos
Continuará ...

El "miedo" es el mensaje (II)

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En el post anterior escribí acerca de varios temas complejos, que de alguna manera se entrelazan y forman un conjunto superior (una suerte de "gestalt" o el todo es más que la suma de las partes).

Es interesante entender cómo surgió el tema. Ayer tarde, veíamos en la oficina un ejemplo de marketing experiencial desarrollado en Buenos Aires para la marca Campari.


Valga decir que el ejemplo era parte de una experiencia de aprendizaje en el taller de creatividad on-line de La Escuelita (http://www.escueladecreativos.com/).

El Campari Red Passion District fue un evento de dos semanas de duración, en el que el barrio de Palermo fue literalmente vestido de "rojo pasión" por la marca, entregando una experiencia artística, cultural, de diseño y gastronómica de primer nivel. Más información del evento en http://www.mediosyempresas.com.ar/index.php?notid=1102.

Cuando vimos el ejemplo, pensamos en lo que pasaría si aquí en Caracas se planteara un evento similar. Estos fueron algunos de los pensamientos:
  • "El cliente no compraría la idea así porque es muy costosa"

  • "El cliente no entendería que el poder del evento está en la calidad de la experiencia y no en el alcance que tenga"

  • "Aquí no se podrían hacer cosas como esa, las alcaldías no lo permitirían"

  • "El INDEPABIS (Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios) no dejaría hacer algo como eso"

  • "Aunque dejaran hacerlo, no hay un lugar apropiado, seguro en la ciudad"

  • "Todo sería rojo-rojito, el color del chavismo"

  • "La inseguridad mataría el evento"

En fin. Al criollizar un evento semejante nos enfrentamos a un sin fin de limitaciones de entrada. Algunas ciertas, algunas más o menos ciertas y otras falsas.

Pero nada más el hecho de disparar todas estas posibilidades de limitaciones me puso a pensar cuánto nos limitamos en el día a día laboral (por no hablar de la vida personal) y cuánto dejamos de hacer por creer que no funcionará o que no nos dejarán hacer.

Entonces llegamos al sempiterno vaso medio lleno o medio vacío. Porque, en crisis, los vasos suelen estar más vacíos que llenos.

La crisis política local que corroe cada rincón del país nos hace ver, ya con la frialdad de la costumbre, cómo se instalan los temas de agenda nacional en las vidas personales. Si el tema "chavismo - antichavismo" ha afectado amistades, relaciones de pareja, relaciones fraternas, es claro que afecta también el trabajo que se hace con las marcas, la publicidad y el marketing en general.

Las empresas que hacen vida en Venezuela han tenido pocas alternativas para sobrevivir: el enfrentamiento directo con el gobierno o el acatamiento a cualquier tontería que se le ocurra al sector oficial.

Las marcas, por tanto, han intentado adoptar un relato con sus consumidores que no comprometa sus posiciones en el mercado ni desaten las pasiones de alguno de los bandos políticos en conflicto.

Marca o empresa identificada con el "oficialismo" genera rechazo en un tercio del país. Marca o empresa identificada con la "oposición" genera rechazo en otro tercio del país.

Estoy generalizando abusivamente, pero creo que es necesario para entender el punto.

La publicidad venezolana, el marketing en general, se han visto envueltos en camisas de fuerza regulatorias que buscan controlar cada vez más al sector. Tal vez, estrangularlo.

Es raro que el gobierno, con su discurso abiertamente estatista - socialista - controlador no haya enfilado su artillería contra el sector publicitario. El anticapitalismo, el anticonsumismo que pregona con la palabra (pero no con la acción), la prédica contra la riqueza que caracterizan al presidente Chávez representan una amenaza latente.

Pero allí aparece, de nuevo, el vaso más vacío que lleno. Y mientras más vacío esté, mayores son las oportunidades de hacer algo interesante, creativo, fuera de lo corriente que es el discurso neutral de las marcas frente al entorno que las rodea. Cabe aclarar que ese discurso neutral o de "mirar para otro lado" es fiel reflejo de los lineamientos de pensamiento y acción que tenemos quienes trabajamos en el negocio.

Tal vez es tiempo de romper el esquema y comprometerse, lo cual no significa tomar partido a favor de alguna opción política sino comprometerse y tomar partido a favor de las personas... a favor de quienes llamamos, tal vez de manera injusta e incompleta, nuestros consumidores.