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La cayapa como doctrina

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La palabra “Cayapa” es un término que tiene raíces indígenas. Significa algo así como “trabajo o cooperación en equipo”. Sin embargo, tiene un significado extendido, de uso común entre los venezolanos. Según Wikipedia:

... Por lo común, la palabra cayapa se usa peyorativamente para referirse a la agresión que un grupo de individuos hace a una o más personas en situación desventajosa. La palabra se aplica tanto al grupo de atacantes como al acto mismo de realizar este tipo de ataque.

Además, la agresión puede ser de tipo físico, a puños o con armas, o de tipo moral. En un debate o discusión, por ejemplo, cuando varios individuos con un mismo criterio u opinión atacan los argumentos de otro que está solo en su posición, suele decirse que le cayeron en cayapa...

En Venezuela, el actual gobierno instauró la cayapa como costumbre política, como un conjunto de acciones agresivas orientadas a extirpar a la parte de la población que no se postra ante el comandante. Caerle encima a quienes están en situación desventajosa es uno de los más cobardes legados que nos dejarán los revolucionarios.

Esa costumbre devenida en doctrina, está comenzando a probar suerte fuera del país. Ahora podemos decir con certeza que la cayapa es parte de nuestra política exterior. El caso Honduras es una muestra evidente. No es que antes no se intentara. Desde acá, el presidente Chávez ha querido gobernar a toda la América Latina -y si lo dejan, al mundo-, ha insultado, humillado y chantajeado a cuanta persona o institución se atraviese en su camino.

Pero el caso Honduras pasará a la historia por la cantidad de errores que se han cometido y por las torpezas cometidas por sus protagonistas.

No olvidemos que en Honduras ocurrió un golpe de Estado contra el gobierno constituido de Manuel Zelaya. Esa es una realidad ineludible, un hecho fáctico. Pero apenas una parte de la realidad.

No olvidemos que, como en cualquier situación política, los golpes de Estado no ocurren asépticos, transversales; siempre tienen una historia que los explica. Claro, las explicaciones no son elementos legitimadores, pues eso nos llevaría al error garrafal de dividir los golpes de Estado en buenos y malos. En tanquetas buenas alrededor de palacios de gobierno y en tanquetas malas. En soldados rebeldes y soldados gorilas. En gobiernos malucos y gobiernos del pueblo.

Si en Honduras procedía la sucesión constitucional tras la renuncia o tras la destitución o ausencia absoluta del presidente, entonces no era necesario sacarlo con tropas militares y montarlo en un avión militar con rumbo desconocido. No solo era innecesario, sino que es un acto delictivo, que sin dudas debe ser penalizado. Ahora bien, las formas y el fondo de la penalización es un asunto que resolverán los tribunales hondureños o, en su defecto, los tribunales internacionales.

Lo inquietante es que la crisis política hondureña viene desarrollándose desde hace tiempo. En los meses previos no hubo OEA, ONU, Unión Europea o lo que sea que dirigiera algunas miradas o comentarios ante la situación. Después del golpe, todos gritan en contra. Antes del golpe, nadie vio nada.

Pero casos relativamente parecidos, detalles más detalles menos, ocurrieron en otros países: Venezuela (febrero 1992; noviembre 1992; abril 2002); Bolivia (octubre 2003) y Ecuador (abril 2005). En cada caso, las constituciones preveían salidas a las crisis políticas, por lo que jugarse la carta militar resultó un anacronismo incomprensible.

Tanto en Venezuela, como Bolivia y Ecuador hubo cambios políticos derivados de esos golpes de Estado. Las instituciones demostraron, como ha sido costumbre en la América Latina, su precariedad frente al poder de las armas. Los cambios que lograron con las armas o empujados por ellas.

A pesar de los esfuerzos del presidente encargado Micheletti por explicar la situación legal y legítima de su gobierno; el presidente depuesto Zelaya viaja de un país a otro implorando que entre todos le solucionen el problema que él mismo se creó.

Hay otro dato crítico en Honduras: el resto de los poderes públicos, así como gran parte de las organizaciones políticas y sociales del país apoyan la salida de Zelaya del gobierno. Lo cual complica las cosas, pues a pesar de la condena internacional (casi unánime), las instituciones de Honduras se han mantenido firmes desafiando las amenazas de invasión y de distintos bloqueos.

Paradójicamente, los gobiernos más interesados en un bloqueo y una invasión a Honduras son sus (hasta hace un par de semanas) principales “socios” y “amigos”.

¡Vaya uno a querer amigos de ese calibre!, pensarán los hondureños y con toda la razón.

Con Chávez a la cabeza, Daniel Ortega; Rafael Correa; Raúl Castro; Fernando Lugo y Cristina Kirchner se han sumado a la curiosa “Cruzada Anti-Gorilas” de una manera francamente grosera e irrespetuosa contra Honduras y contra sus respectivos países. Por cierto, es demasiado notoria la ausencia de Evo Morales en todos estos acontecimientos.

¿A qué viene que estos presidentes se meten en estos líos? Es curioso, especialmente en los casos de Nicaragua; Venezuela; Paraguay y Argentina, donde los gobiernos hacen aguas en medio de crisis políticas y económicas de grueso calibre. Parece una conjura de los miedos propios, un escape a sus realidades nacionales.

¿Será que en Venezuela; Nicaragua; Ecuador; Cuba; Paraguay y Argentina no hay problemas que resolver? Es la primera pregunta que viene a la cabeza. Pero no es la principal pregunta que hay que hacerse, pues proviene del estómago y no de la reflexión política. Lo que realmente habría que preguntarse es qué hay detrás de todo este escándalo internacional.

Otros países latinoamericanos, en cambio, han permanecido prácticamente en silencio: Brasil; Chile; México; Perú; El Salvador; Colombia; Panamá; y Canadá. Quizás, eludiendo la diplomacia de cayapa que han querido imponer groseramente los países del ALBA a la OEA con nefastos resultados. Quizás, reservándose para lo que parece ser la gestión diplomática coherente encabezada por el presidente Oscar Arias de Costa Rica.

La OEA ha actuado como un verdadero sindicato de presidentes electos -si son amigos de Chávez, mejor-, lo que deslegitima su papel en lo que a resguardo de los Estados y los pueblos se refiere.

De nada sirve una OEA que se hace la vista gorda con las exageradas violaciones hechas por distintos países de la organización, mientras pierde el control frente a los acontecimientos en Honduras.

El desvergonzado papel jugado por Insulza es una afrenta para lo que era la OEA. El papel de subordinación jugado por Insulza frente a Chávez casi da asco.

Si ya las cosas iban bastante mal, el domingo pasado botaron la casa por la ventana. Zelaya fue llevado en avión a Tegucigalpa, con las intenciones de "recuperar" la presidencia, mientras se instigaba a la rebelión a través de Telesur, en un acto totalmente irresponsable.

Una vez fracasada la gestión de Insulza y cumplido el plazo del ultimátum dado por la OEA al nuevo gobierno de Honduras, se jugaron la carta del llamado a la violencia: el asalto a Honduras vía aérea, ante los ojos atónitos del mundo.

El hecho en sí podría ser considerado como un acto de guerra. El espacio aéreo de Honduras fue violentado por una aeronave de matrícula venezolana (de PDVSA), con tripulación militar venezolana, sin permiso de las autoridades civiles y/o militares hondureñas, con un pasajero indeseado, con otros pasajeros internacionales como escudo humano. Todo esto conforma uno de los asaltos políticos más graves que yo recuerde.

Esa intromisión ni siquiera fue disimulada. El presidente Chávez fue explícito al “dirigir” la supuesta invasión a Honduras desde Caracas, con un TV y un pizarrón. De lejitos, eso sí... por si acaso se desataban combates de verdad.

En cualquier lugar del mundo, aviones de la Fuerza Aérea hubiesen “escoltado” al avión venezolano hasta salir del espacio aéreo; lo hubiesen obligado a aterrizar en un lugar designado por el país destino o, simplemente, lo hubiesen derribado.

Gracias a Dios, no ocurrió una tragedia, pero sin dudas eso era lo que se buscaba.

Por cierto, habría que revisar con mucha firmeza el papel de Telesur en los acontecimientos. Era el canal de comunicación entre Zelaya y sus seguidores en Honduras. ¿A cuenta de qué Telesur instigaba a los hondureños y hablaba de baños de sangre y masacres que no existieron? Telesur fue, a no dudarlo, un brazo dentro de la estrategia militar contra Honduras. Todo planificado por Venezuela, Nicaragua y Cuba, con el silencio de El Salvador.

Me sorprende, a la distancia, que el tema no haya derivado en un escándalo mayúsculo. No es poca cosa lo que se intentó hacer (una invasión, básicamente). El acto de invadir el espacio aéreo de Honduras fue con premeditación, alevosía y con toda la intención de ocasionar una tragedia... cuando menos, una “guerrita”, esa barajita que le falta a Hugo Chávez en su macabra colección.

Por el momento, Honduras debe estar armando el expediente jurídico para demandar a Venezuela. Por ahora, después del fracaso de la operación para provocar una crisis mayúscula en Honduras, el presidente depuesto cambió su mirada de Caracas a Washington, donde sí le están garantizando una salida más honrosa.

Sin dudas que la mediación de Oscar Arias es un palazo en la cabeza de Insulza. Un “despido indirecto”, si tal cosa pudiera aplicar en la OEA.

Las lecciones son muchas. Los precedentes, gravísimos.

Argentina, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Paraguay jugaron el triste papel de peones de Chávez. Sea o no cierto, la percepción es que los presidentes de estos países hicieron lo que alguien más les ordenó. Sorprende que en Argentina, por ejemplo, este triste papel de Cristina Kirchner no esté en tela de juicio.

Zelaya desnudó a Chávez. Desnudó sus miedos, sus ansias de sangre (la de los demás, claro), sus visión de la política como un verdadero campo de guerra. Su irresponsabilidad y el peligro que representa para muchos. Por el solo hecho de permitir un acto tan irresponsable como el de su traslado a Honduras en un avión venezolano, sabiendo que la intención era provocar el caos, Zelaya debe ser juzgado en su país.

Me parece que pronto conoceremos los detalles detrás de esa operación militar del domingo pasado. Me parece que progresivamente nos enteraremos de lo que realmente Chávez, Ortega y Castro habían planeado para Honduras (contra Honduras). Me parece que esta historia todavía está cruda.

El verbo disolvente

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Así le habla el presidente de Venezuela al presidente de Estados Unidos, en el afán chavista de una guerrita en Honduras.

Si Estados Unidos y la OEA no actúan contra "los gorilas" hondureños, quedarán como unos blandengues que estaban en contubernio con los golpistas a quienes "voy a derrocar".

Y si Estados Unidos y la OEA actúan, los acusarán de injerencia en los países latinoamericanos y que la revolución no permitirá que la planta insolente del extranjero imperialista blablabla...

País en caricaturas

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Las reacciones destempladas ante el golpe de Estado en Honduras y el cierto paralelismo patético que hay con otras situaciones similares no escapan a la inventiva de nuestros caricaturistas:




¡Despierta el gorila que hay en ti...!

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Gracias a las cuñas de Zucaritas se hizo popular por un tiempo la expresión "despierta el tigre que hay en tí", cuando alguien tenía alguna reacción desmesurada ante algún acontecimiento.


Creo que puede tomarse la licencia para hablar del gorila en vez del tigre, dadas las reacciones que han despertado los últimos acontecimientos en Honduras, especialmente en el presidente venezolano.

Nuestro jefe golpista (oh, sí... ¿alguien recuerda que ese señor "comandó" dos intentos de golpe de Estado en 1992 contra un gobierno legalmente constituido?) anda desatado, con una exaltación que hasta es insana psíquicamente, viendo magnicidios, golpes, guarimbas, oligarquías, fascismo, svásticas, traiciones en todos lados.

Y, para rematar la fantasía destructiva, ahora ve gorilas en todas partes.


¡SUSTO CARAJO!

Es extraño. Es enfermo. Es la proyección paranoica en su estado químicamente más puro. Es la expresión más genuina de una crisis nacional que aún nos negamos a tratar.

El militar golpista, el insultador de oficio, el jefe de la banda de los aplastadores, hoy se viste de civil, en un intento vano de esconder tras el saco y la corbata la dureza de sus distintas violencias. Después de tanto ofender a los militares hondureños, hoy se nos vistió de civil el autodenominado comandante.


Chávez el "Gorilólogo" local, se ha agarrado sospechosamente ese golpe de Honduras para sí. Nunca lo habíamos visto tan guerrero, tan profanador de patrias como ahorita. Ni siquiera el tan mentado 11-13 de abril de 2002, cuando rogaba que se lo llevaran a Cuba lo habíamos visto tan ansioso de escuchar el trueno de las armas. Hoy, cuando se llevan a Zelaya a Costa Rica clama porque lo regresen.

¿Por qué se agarró este golpe para sí? ¿Tenía el gobierno venezolano las manos metidas en la crisis política y había que picar adelante antes que se descubriese todo? ¿Está poniendo a prueba su capacidad de maniobra en el continente y midiendo fuerzas con la OEA para después cargar contra ese organismo? ¿Preocupación por una posible repetición de actos parecidos en los países afectos al chavismo? ¿Acaso está defendiéndose por si acaso pasa aquí en Venezuela?

Amenazar a Honduras con una guerra, retirar al embajador, llamar a la rebelión en ese país, decir que vamos a derrocar al gobierno y paralizar el comercio de petróleo REPRESENTAN UN ACTO DE AGRESIÓN CONTRA ESE PAÍS QUE DEBEMOS RECHAZAR.

Si alguien decide intervenir militarmente en Honduras, que no sea Venezuela. Pero no es posible pensar en ese acto de sensatez con el gorilato del ALBA, que empujan a Chávez al precipicio para no ayudarlo después. ¿Qué mayor trío de gorilas albinos que Raúl Castro y sus engendros Hugo Chávez y Daniel Ortega?

Lo cierto es que este golpe de Estado en Honduras (cierto, sí hubo golpe) ha despertado las heridas abiertas que tiene Hugo Chávez en su alma desde el 4 de febrero de 1992. Siempre he pensado que para él, todos los días son 4 de febrero, por eso nos quiere arrastrar a todos a su violencia, la que él no pudo terminar satisfactoriamente ese día.

Chávez se despierta cada día, si es que duerme, pensando en terminar aquella batalla en la que se rindió. Por eso, psicológica y patológicamente hablando, Chávez no dormirá hasta que nos lleve a una guerra de verdad... lo pensó con Estados Unidos; con Colombia; con Perú y ahora con Honduras.

Sus batallas imaginarias terminarán mal. De eso no me queda duda. El mal menor sería que no nos arrastrara en su despeñadero.

La obsesión lo lleva a culpar a todo y a todos: los medios de comunicación (de nuevo, Globovisión); el gobernador de Táchira; el imperio... todos son culpables de todo... menos el chavismo, el eterno resentido, la eterna víctima de todos los males del mundo.

Eso es enfermo. El gorila despertó... y ha llevado a Chávez a un estado de éxtasis tal, que sólo nos queda decir:

¡SUÉLTALO GORILA!

Crisis en Honduras (2)

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En medio de violentas protestas en Tegucigalpa, transcurre el segundo día después del golpe de Estado perpetrado ayer contra el presidente Manuel Zelaya.


La situación en Honduras es altamente crítica. Hay dos bandos claramente diferenciados en la disputa: los que abogan por el retorno inmediato a la presidencia de Zelaya, diciendo que hubo golpe de Estado, y los que argumentan la constitucionalidad del acto.


Hay una realidad: el presidente fue sacado a la fuerza de su casa y montado en un avión rumbo a Costa Rica. Eso, objetivamente, configura un golpe de Estado. Por más que haya habido una orden judicial, no era necesario el uso de la fuerza y la expatriación de Zelaya. Si el presidente había cometido algún delito, lo justo era destituirlo formalmente y abrirle juicio.

La percepción es que hubo un golpe militar que luego fue justificado por las distintas fuerzas políticas del país. Una justificación "ex-post-facto", es decir, luego de ocurridos los eventos. Muy parecido, cabe señalar, a lo ocurrido en Ecuador en 2004, cuando fue depuesto el presidente Lucio Gutiérrez en medio de una crisis política.

Eso justifica la reacción de la comunidad internacional. El exceso y el abuso de fuerzas militares para cumplir una orden legal. Y tienen razón, dejar pasar eso es abrir la puerta para que ocurra en todos los países latinoamericanos inestables.


Ahora bien, la sobre-reacción que han tenido ciertos gobiernos como Venezuela, Nicaragua y Ecuador deja abierta la puerta a cualquier conjetura. La desproporción en la reacción del presidente Chávez es irritante para cualquiera que pretenda ver el hecho con cierta distancia.

Nada justifica las amenazas militares contra Honduras, aunque pretenda decir que no es contra el pueblo sino contra el dictador... pero ese "dictador" está en suelo hondureño y hasta nuevo aviso controla la institucionalidad del Estado.

No hay justificación para la andanada de insultos. Eso sólo revela un severo y prácticamente irreversible desajuste emocional en el presidente venezolano. Verlo jadear y respirar con dificultad mientras pegaba gritos contra Roberto Micheletti (presidente encargado), no sólo es denigrante sino que nos habla de un cuadro clínico a punto de colapso.


Por lo que parece, el chavismo no ha podido superar aún su trauma 11-13 de abril de 2002. Todo es medido con ese rasero. El tonito usado por Roy Chaderton en la OEA ayer era de reclamo (como cuando el marido puso cuernos hace 10 años y todavía se lo sacan en cara). Se abomina a la OEA pero se le exige que devuelva a Zelaya al mando ya.

Es innecesario el circo del ALBA. Esa reunión a medianoche, atropellada, sin más agenda que las vísceras, habla muy mal de los gobiernos asistentes. El ALBA no es una institución con poder político como para torcer la voluntad de nadie en el continente.

Pero la OEA, la ONU y la SICA (Sistema de Integración CentroAmericana), esos grupos sí tienen poder de convocatoria y de presión real. Mientras los países del ALBA anuncian el retiro de sus embajadores, los países centroamericanos de SICA decidieron aislar económica y políticamente a Honduras.

Lo otro que no puede dejarse de lado es la pobre actuación de Zelaya, el depuesto presidente. En una actuación rocambolesca, el presidente se presentó ayer en una rueda de prensa en Costa Rica con su pijama puesto, como para que le creyeran que lo sacaron de la cama sin chance de nada. Un presidente debe darse su puesto y hacerse respetar. Porque el respeto hacia él redundará en un respeto hacia su país.

Pero la pijama es el más pequeño de sus problemas. Las reiteradas violaciones a la ley en que incurrió el presidente Zelaya no pueden dejarse de lado en ningún análisis. La intención de hacer una consulta refrendaria que no estaba reglamentada, la desobediencia al poder legislativo y judicial, además de la crisis militar, configuraron el cuadro que se desencadenó ayer.

Si la presión internacional logra que vuelva Zelaya no podrá gobernar los meses que le quedan. Esa es otra realidad que no se puede dejar de lado. ¿Cómo gobernar en un país en esa tamaña crisis política? De ninguna manera va a tener el control del país. El mismo Congreso que ayer lo destituyó puede volver a destituirlo, y seguiría siendo legal el asunto.

¿Quién se atreve a poner las manos en el fuego por una vuelta pacífica de Zelaya? Creo que pocos... a menos que quieran ensangrentar a Honduras, la vuelta de Zelaya se hace cuesta arriba.

Crisis en Honduras

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No hay ninguna duda. Lo que está ocurriendo en Honduras es un golpe de Estado, en su concepción clásica (sin dudas, la peor).

Según la Real Academia:

Calco de la expresión francesa coup d’État, ‘usurpación violenta del gobierno de un país’.
Y el autor Curzio Malaparte aportó su definición:

Ya en el siglo XX, en 1930, apareció el libro Técnica del colpo di Stato (Técnica del Golpe de Estado) de Curzio Malaparte, que impondría el uso generalizado del concepto, básicamente en su acepción moderna, a partir del análisis crítico de las acciones del fascismo y el nazismo.

Malaparte aplica el concepto del golpe de Estado, no solo a una operación ejecutada por integrantes del Estado, sino también por poderes civiles, que mediante la desestabilización del gobierno a través de acciones orientadas a generar caos social, provocan su caída y acceden al poder.

Para Malaparte, la diferencia sustancial del concepto de golpe de Estado, con los de "guerra civil" y "revolución", es esencialmente el uso de la sorpresa y la escasa duración relativa de las operaciones, reduciendo "al mínimo el tamaño y la intensidad de la confrontación armada"


Así que, repito, no hay dudas de lo que ocurre en Honduras: el presidente constitucional Manuel Zelaya fue detenido abruptamente por soldados mientras dormía y expulsado del país a fuerza de las armas. En este momento, Zelaya se encuentra en Costa Rica, dando una rueda de prensa en ropa de dormir.

Las informaciones son contradictorias respecto a los acontecimientos en este momento. A través de internet se comenta que no hay electricidad en distintos puntos del país y han sacado del aire a las principales cadenas televisoras (hasta CNN, al parecer, fue sacada de los canales de cable).

Sin dudas, todo esto es un retroceso para la América Central y para la América Latina en general.

Veamos algunos datos de Honduras que nos pueden poner en perspectiva:
  • Honduras está ubicado en el centro-norte de América Central.
  • Limita con Guatemala y Nicaragua, y tiene salida al océano Atlántico y al Pacífico.
  • Superficie de 112,492 km² (un poco más pequeño que nuestro estado Amazonas).
  • Población: 7.792.854 habitantes
  • Manuel Zelaya fue electo para el período 2006-2010.
  • La constitución vigente de Honduras no permite la reelección inmediata del presidente.
Sin embargo, la crisis estalla cuando el presidente Zelaya anuncia una consulta (tipo referendum) para incluir en las elecciones generales de noviembre de este año la consulta para una Asamblea Nacional Constituyente.

Este anuncio fue rechazado por el Congreso y por el poder judicial de ese país.

Según BBC en español, esta fue la reacción de los militares:

El presidente Manuel Zelaya destituyó al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el general Romeo Vázquez, quien se había negado a apoyar la logística de una consulta declarada ilegal por el congreso.

Luego vino la renuncia del ministro de Defensa, Ángel Edmundo Orellana. Otros mandos militares también dimitieron.

La remoción de Vázquez ordenada por Zelaya fue revertida, sin embargo, el viernes por la Corte Suprema de Justicia, que admitió dos recursos de amparo con suspensión del acto reclamado interpuestos contra la destitución.

El ejército hondureño, según la prensa local, movilizó el jueves efectivos para prevenir posibles disturbios por parte de organizaciones populares e indígenas, que apoyan a Zelaya.


Para empantanar las cosas, el presidente venezolano atizó la crisis en Honduras al dar declaraciones ofensivas contra el general Vázquez el pasado jueves, al tiempo que se molestaba porque los medios como CNN estaban más pendientes de la muerte de Michael Jackson que de la crisis en Honduras.

Hoy, las declaraciones de Chávez no pueden ser peores:

"Estamos haciendo contactos con nuestra embajada en Honduras, di instrucciones y estamos cocinando una estrategia antigolpe. Este es un golpe troglodita...

... Esto es culpa de la burguesía, de los miitares que convirtieron a Honduras en una república bananera. El imperio yanqui tiene mucho que ver con esto, debería pronunciase inmediatamente el presidente de Estados Unidos (Barack Obama). Le hago un llamado a que se pronuncie, rechazando como nosotros rechazamos este atropello no sólo al pueblo hondureño, sino a los pueblos latinoamericanos...

... A los golpistas hondureños desde aquí les decimos que estamos de pie, que Honduras no está sola. Ya empezamos a movilizarnos, este golpe va a ser derrotado desde adentro y desde afuera...

Así no se puede. No se puede amenazar a un país con un golpe de Estado. Suficiente tienen los hondureños con la crisis que tienen en este momento para, además, temer ahora por una intervención militar venezolana. Eso es totalmente repudiable también.

En este momento (13:20), en las calles de Caracas se está convocando al "pueblo" para una concentración en el Palacio de Miraflores con el presidente Chávez, quien seguramente volverá a amenazar a los militares hondureños con un contragolpe, con un 13 de abril, con una movilización de tropas (sería vía Nicaragua, el único país que se prestaría para semejante barbaridad).

Hoy, los mismos que vociferan e insultan a Estados Unidos y a la OEA están exigiendo a gritos también que ellos resuelvan la situación. Que digan alguito a favor de Zelaya. Pero hasta hace un par de días decían que la OEA no servía para nada. ¿Entonces sirve o no la OEA? ¿Por qué seguir jugando a su destrucción mientras se le exige que resuelva?

La mejor estrategia sería reforzar a la OEA, desde adentro, aprovechando que todavía el organismo tiene cierto poder y cierta voz en el continente.

Ojalá Venezuela no juegue a empantanar más las cosas. Lo correcto es activar los mecanismos diplomáticos. Empujar a la OEA y a los demás mecanismos supranacionales a que se pronuncien con hechos dentro del ámbito diplomático.

Pero lo dudo, hay demasiados recelos y resentimientos en la OEA. Demasiados odios acumulados sin resolverse y eso no ayudará a Honduras. Ojalá los hondureños expresen en las calles su opinión ante el golpe de Estado, sea para llamar a elecciones, sea para restituir a Zelaya o sea para que asuman el gobierno los que tienen que asumirlo según la constitución vigente.

Que los hondureños decidan.
#honduras

20 de abril de 2005

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Hace cuatro años me tocó presenciar la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez en Ecuador. Tenía menos de un año viviendo en Quito cuando un movimiento civil logró derrocar a Gutiérrez.

Esos días fueron una lección inolvidable de civismo y espíritu de combate. A continuación, algo que escribí días después de la rebelión civil de Quito.


La Rebelión de Abril
-Quito, Luz de América-

I

Con el permiso de mis amigos y conocidos ecuatorianos, quiero escribir sobre los acontecimientos que han sacudido al país, especialmente a Quito. En lo personal, lo que está ocurriendo en el Ecuador me trae muchos recuerdos e inmediatas conexiones con otros momentos que me ha tocado vivir.

Tengo un raro privilegio: haber vivido muy de cerca importantes acontecimientos ocurridos en Latinoamérica los últimos 15 años: la explosión social conocida como El Caracazo (1989); dos intentos de golpe de Estado en Venezuela (1992); la destitución de Carlos Andrés Pérez en Venezuela (1993); la rebelión civil del 11 de Abril contra el gobierno de Hugo Chávez (2002); la Guerra del Gas que marcó la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada en La Paz, Bolivia (2003) y, finalmente, la rebelión de abril (también llamada la rebelión de los forajidos) que culminó con la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez, en Quito - Ecuador.

Tan curioso resulta este raro privilegio, que muchos de mis conocidos empiezan a ver con cierto temor que me acerque al país donde viven. Más allá de lo gracioso de los comentarios, también a mí me parece un poco extraña esa seguidilla de acontecimientos sociales y políticos en mi vida.

Los procesos vividos en los 3 países tienen referentes comunes. Venezuela; Bolivia y Ecuador han atravesado en los últimos 25 años por una serie de cambios en lo político, social y económico; que han desembocado en sendas crisis. Pero aclaremos que no solo estos tres países han padecido circunstancias adversas.

Latinoamérica ha vivido sucesivos acontecimientos que parecen interminables: el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán (Colombia, 1989); la destitución de Fernando Collor de Melo (Brasil, 1992); el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (México, 1994); el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio (México, 1994); la Guerra de la Cordillera del Cóndor o Guerra del Cenepa (Perú – Ecuador, 1995); el golpe de Estado contra el gobierno de Juan Carlos Wasmossy (Paraguay, 1996); la caída de Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997); la renuncia y huída de Alberto Fujimori (Perú, 2000); la caída de Jamil Mahuad y el golpe de Estado del Coronel Lucio Gutiérrez (Ecuador, 2000); la Guerra del Agua contra la privatización del la empresa del agua en Cochabamba (Bolivia; 2000); la revuelta civil que derivó en la caída de Fernando de La Rúa y luego de Adolfo Rodríguez Saá (Argentina, 2001); etc.

El viejo sueño de integración de Simón Bolívar y los ancestrales anhelos de paz y progreso en el continente parecen hoy más lejos que nunca.

Ecuador


Los antecedentes

Como toda situación política – social, la del Ecuador es compleja, y sus orígenes se pueden rastrear hasta los inicios de la República. De todas maneras, intentaré una aproximación.

Seguramente todos coincidan en que el año 1996 fue clave en la historia reciente del Ecuador. En agosto de 1996 fue electo Abdalá Bucaram por una mayoría y apenas 186 días después fue destituido por el Congreso Nacional, en medio de una escalada de protestas en las calles de las principales ciudades del país. “El Loco” Bucaram, como él mismo se llama, huyó despavorido a Panamá, donde permaneció asilado hasta principios del mes en curso.

Sin embargo, como ha ocurrido en otros casos en Latinoamérica, un presidente expulsado sigue manteniendo alguna cuota de poder e influencia en el escenario político. Recordamos a Carlos Andrés Pérez (Venezuela), Carlos Menem (Argentina) y Fujimori (Perú). Bucaram, líder del PRE (Partido Roldosista del Ecuador), siguió siendo actor fundamental del escenario político del país.

Según cuentan las malas lenguas políticas, Abdalá Bucaram cogobernaba al país desde Ciudad de Panamá e intentaba volver de manera “limpia”, sin que fuese apresado por los juicios y sentencias que había en su contra. Para ello, necesitaba un Poder Judicial favorable, lo cual consiguió el 8 de Diciembre de 2004, cuando una mayoría oficialista en el Congreso Nacional destituyó a la Corte Suprema de Justicia (en aquel entonces, con mayoría de magistrados favorables al PSC, Partido Social Cristiano, liderado por el ex – Presidente León Febres Cordero).

Antes, el PSC intentó en el Congreso Nacional un juicio contra Lucio Gutiérrez, que no prosperó. Lo que desató la reacción airada del Gobierno, que buscaba asfixiar al PSC y neutralizar su radio de acción política en el Congreso y en la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

El ex partido oficialista, Sociedad Patriótica (SP), fue uno de los principales instrumentos del Gobierno para sustituir el poder de los partidos tradicionales, señalados como defensores de intereses oligárquicos. Según entiendo, Sociedad Patriótica es uno de esos engendros políticos que nacen, crecen y se nutren de la savia de su líder – fundador – mentor – caudillo – presidente; construidos al calor de las campañas presidenciales como maquinarias electorales.

Casos como el de SP y Lucio Gutiérrez los hemos visto en Venezuela: en las elecciones de 1993, Rafael Caldera, fundador del partido social – cristiano COPEI, se vio en la necesidad de formar otro partido para poder ir a las elecciones, el hoy casi desaparecido Convergencia. Otro caso más reciente es el del Movimiento Quinta República (MVR), la máquina electoral del gobierno de Chávez.

Volviendo al Ecuador, la nueva CSJ, nacida con plomo en el ala, asumió sus funciones siendo mayoría favorable a Sociedad Patriótica y al PRE de Bucaram.

El Regreso

La nueva CSJ “cocinó” el retorno legal del ex – presidente Abdalá Bucaram, y de otros dos personajes: Gustavo Noboa (ex – presidente de la República) y Alberto Dahik (ex – vicepresidente de la República). La llegada de ellos, especialmente la de Bucaram, cambió el mapa político del país.

Para mala suerte de Bucaram, un personaje con un ego desbordado, su regreso ocurrió el día que murió S.S. el Papa Juan Pablo II. La muerte del Papa restó brillo y espectacularidad al publicitado regreso. Bucaram, llegó a Guayaquil, su principal bastión político, en medio de un show político – farandulero - mediático, con tarima y todo, como les gusta a estos personajes nacidos de alguna obra de realismo mágico.

Ese día, pude ver parte del discurso de Bucaram en la televisión. Y la verdad es que quedé bastante sorprendido por dos cosas: la primera, una pancarta detrás de la tarima que decía algo así como “Solo Dios sabe lo que hemos sufrido en tu ausencia Abdalá”. Solo a una mente retorcida y desesperada por alabar al personaje del ego desbordado se le puede ocurrir una cosa semejante.

Segundo, el discurso absolutamente grotesco, no solo en las formas sino también en el fondo. Si algo me espantó, fue escucharle decir que regresaba “más loco que nunca” y que venía a “encabezar la revolución bolivariana de Chávez en Ecuador”. Lejos del gesto gracioso, para mí y para quienes conocen mi repudio hacia el gobierno venezolano, estas palabras resumían el preludio de una tragedia nacional.

La Crisis

La llegada al país de Bucaram, Noboa y Dahík, renovó las fuerzas de la oposición, encabezada por los alcaldes de las principales ciudades del país: Paco Moncayo, Alcalde de Quito y Jaime Nebot, Alcalde de Guayaquil.

La Asamblea de Quito, organismo coordinador de las fuerzas de la oposición en la ciudad, decidió llamar a un paro general de actividades el día miércoles 13 de abril. En medio de una división de las fuerzas opositoras, quienes no lograron ponerse de acuerdo sobre la “metodología”, Quito y otras ciudades de la Sierra decidieron paralizarse el día miércoles. Quito amaneció sin transporte público y con muchos comercios cerrados. Sin embargo, a medida que fue pasando el día, se notaron cada vez más actividades comerciales en la calle.

Las fuerzas de la oposición convocaron a movilizaciones en las calles, mientras la Policía Nacional había tomado los puntos álgidos de la ciudad de Quito. Parecía que la orden era no dejar que ninguna concentración y/o movilización tomara vuelo, pues todas fueron disueltas a punta de bombas lacrimógenas, con un saldo de cerca de 80 heridos en la capital.

En la noche al hacer la evaluación, el entonces Presidente Lucio Gutiérrez, se atribuyó el éxito en el match político al declarar en cadena nacional que el paro había fracasado. Bastó y sobró que el Presidente abriera la boca, para que Quito se lanzara a las calles pasadas las 8 de la noche, gracias a la convocatoria de oyentes en una emisora de radio. A punta de cacerolas, los quiteños protestaron en diversos puntos de la ciudad, sin ninguna convocatoria de los líderes políticos de la oposición. Las movilizaciones llegaron a la sede de la CSJ y a la residencia del Presidente Gutiérrez.

La crisis apenas comenzaba.

Forajidos y otras Tonterías

Al día siguiente, supongo que aún con el estruendo de las cacerolas repicando en su cabeza, el Presidente Lucio Gutiérrez con la soberbia a flor de labios, declaró que personas que fueron en Mercedes – Benz hasta su casa habían violado su privacidad y la de su familia, y que él mismo le seguiría juicios a esos forajidos.

¿Por qué será que los Presidentes cada vez que abren la boca para insultar a un sector de la población sufren un revés gramatical y de significados? Recuerdo perfectamente cuando un boxeador - presidente, Hugo Chávez, descalificó a quienes de la oposición protestaban en las calles, llamándolos escuálidos. De ahí en adelante, los opositores en Venezuela se autodenominaron escuálidos y salieron en millones a las calles para sacar al gobierno. Lucio Gutiérrez calificó de forajidos a quienes protestaban contra él… de ahí en adelante, los quiteños han salido en masas a las calles, proclamando con orgullo su nueva identidad forajida.

El gobierno de Lucio Gutiérrez también cometió los mismos errores que cometen los gobiernos a punto de caer. Revisemos algunos clásicos:

Proclamar insistentemente a los cuatro vientos que el Presidente ha sido electo democráticamente por los ciudadanos y que, por tanto, debe respetarse el período completo. Como si una elección democrática fuese un cheque en blanco para cometer desmanes poco democráticos durante el ejercicio del poder. La legalidad y legitimidad de una elección no es igual a legalidad y legitimidad de desempeño.

Desestimar y descalificar públicamente las protestas ciudadanas. La descalificación de las protestas tiene varios frentes: identificar la protesta con un color político; identificar la protesta con un sector social (últimamente “la oligarquía” es el sector preferido); decir que son unos pocos los que protestan (solo 10 mil personas, que no son ni el 1% de la población total), asumiendo que el resto de la población por no salir a las calles apoyan al Gobierno de turno.

Denunciar que detrás de las protestas hay poderosos intereses nacionales e internacionales (o imperiales) que pretenden dar un golpe de Estado.

Hacerse los que no entienden el por qué de las protestas. Si hemos reducido la pobreza, si hemos luchado como nadie contra la corrupción, si hemos acabado con las oligarquías, si hemos… los angelitos que no han hecho sino el bien por la humanidad no pueden entender por qué las personas protestan. Como si repetir mil veces un solo mensaje logrará lavar miles de cerebros al mismo tiempo, como si las personas no sintieran que quienes los dirigen están profundamente desconectados de sus realidades.

Atrincherarse en el Palacio de Gobierno, tras los tanques, concertinas y cientos de soldados fuertemente armados.

En un acto que parecía de desesperación, el Presidente Gutiérrez rodeado del Alto Mando Militar y su Gabinete ministerial, en cadena nacional, el viernes 15 cerca de las 9 de la noche, decretó un estado de emergencia en el área metropolitana de Quito “ante la grave conmoción interna”. Sin dudas, la sinfonía de cacerolas había alterado los nervios del Presidente, quien se mostró demacrado ante las cámaras.

El decreto de emergencia restringía las garantías constitucionales de expresión, movilización, privacidad y de inviolabilidad de domicilio; por lo que quedaron prohibidas las reuniones, la libertad de expresión, permitiendo además que las autoridades pudieran ingresar sin orden judicial a los domicilios particulares y requisar temporalmente los bienes privados.

Si el Presidente pretendía acallar las protestas, lo que hizo fue echar gasolina al fuego: las protestas aumentaron y los ciudadanos de Quito salieron a las calles en un impresionante acto de desobediencia civil. Las calles se llenaron de concentraciones, cacerolazos, bocinazos hasta pasadas la medianoche.

Las protestas populares, la presión del Ejército y de Estados Unidos (según el diario El Comercio), le torcieron el brazo al Gobierno y obligaron a echar para atrás la medida, apenas 20 horas después de tomada.

El Gobierno había perdido otra batalla.

Ruido versus Silencio

Mientras crecía la intensidad de la protesta, convertida en manifestaciones nocturnas en forma de cacerolazos, bocinazos y cánticos en las concentraciones (¡Lucio fuera, Lucio fuera!... ¿Y dónde está, que no se ve, el maricón del Coronel?... ¡Vamos Quito! ¡Quito no se ahueva carajo!... ¡Lucio te jodiste, con Quito te metiste!), los medios de comunicación permanecieron en un incomprensible silencio. Bueno, no tan incomprensible, si hemos aprendido que detrás de los grandes medios de comunicación se teje una maraña de intereses de todo tipo.

Pero si a muchos les pareció obsceno el silencio de las televisoras privadas el 13 de Abril de 2002 en Venezuela, tras el regreso de Hugo Chávez, seguramente les hubiese repugnado el silencio que guardaron durante una semana los medios en Ecuador. Fue una escisión tremenda entre lo que ocurría en las calles y lo que ocurría en las pantallas y emisoras de radio.

Solamente dos canales de televisión de señal abierta, emitieron esporádicos flashes sobre lo que ocurría. Y, una emisora de radio, La Luna, fue la única que dejó en claro su tono opositor y la que amalgamó la protesta cívica, convocando o estimulando las concentraciones y marchas. Solo el día final del régimen, ante lo inevitable de la caída del Gobierno y tras los terribles acontecimientos que estaban en marcha, los canales de TV y las emisoras de radio abrieron su señal para mostrar en vivo lo que ocurría.

Realmente desconozco la trayectoria de los medios en el Ecuador y su grado de compromiso político y/o social. Sin embargo, creo que quedaron desnudos ante los ecuatorianos y quedaron realmente desconectados de la realidad del país. Convirtieron su poder de comunicación y persuasión en una gran debilidad, al pretender tapar el sol con un dedo. Lecciones para la historia.

El desenlace. La caída.

El martes 19 de abril, fecha de gran significación para los venezolanos (en 1810 se dio el primer paso para la independencia de España), los quiteños se dispusieron a marchar hasta el Palacio de Carondelet o Palacio de Gobierno. La marcha se produjo en horas de la noche, con una asistencia estimada en más de cien mil personas.

Los primeros reportes indicaron que la Policía bloqueó todos los accesos posibles a Carondelet (ubicado en el centro histórico de la ciudad, Patrimonio Cultural de la Humanidad), mientras intentaba dispersar a los manifestantes. Como suele ocurrir, la brutal represión de la policía no amilanó a los manifestantes, quienes decididos a ir hasta las últimas consecuencias, batallaron hasta casi las 4 de la mañana. El saldo final de la noche fue trágico, un muerto y decenas de heridos en una batalla desigual.

Esa misma noche del 19 de abril, el primo del Presidente Gutiérrez, Renán Borbúa, anunció desde Guayaquil que el traslado hacia Quito de cinco mil partidarios del Presidente en 150 autobuses, para defender el Palacio de Carondelet. Ese hecho, para mí, marcó la caída del Gobierno, pues un anuncio de esa naturaleza no es más que el preludio de enfrentamientos a sangre y fuego entre compatriotas.

El 20 de abril, la ciudad de Quito amaneció dispuesta a todo. Desde tempranas horas, cientos de autos en las calles protestaron a través de sus bocinas, mientras que desde las emisoras de radio ya se daba cuenta de la llegada a Quito de los 150 autobuses a través de las distintas entradas de la ciudad.

Los ciudadanos intentaron impedir a toda costa el acceso de los buses, bloqueando con sus autos y con sus cuerpos las vías de acceso a la ciudad. Pero una escandalosa operación de la Policía y del Ejército, despejó algunas vías para que pasaran los buses. Aún así, no todos pudieron ingresar. Rápidamente, Quito se convirtió en un caos por las innumerables barricadas puestas por los ciudadanos y por la Alcaldía en defensa de su ciudad. La invasión a Quito había tomado un giro espeluznante.

Desde las emisoras de radio, los reporteros describían la actitud de agresividad manifiesta de los partidarios del Coronel. Armados de machetes, bates de béisbol (una rareza en Quito, no así en Guayaquil), palos, los fervientes defensores del gobierno pasaron rápidamente a la acción, rumbo a Carondelet.

Paralelamente, desde tempranas horas, los estudiantes de colegios y universidades salieron a las calles rumbo al Palacio para protestar. En más de una ocasión, tuvieron que enfrentarse abiertamente a la Policía y a los partidarios del Coronel, mientras más y más ciudadanos se incorporaron a la marcha.

Desde las ventanas de un edificio del Ministerio de Bienestar Social, ruta obligada de los manifestantes, asesinos armados con pistolas dispararon a la multitud, mientras otros partidarios del Gobierno disparaban desde la calle, corrían y se camuflaban entre la Policía. El horror de ver a ciudadanos ecuatorianos disparándole a otros ciudadanos ecuatorianos no hizo sino revolverme en la memoria los hechos del 11 de Abril de 2002, en Caracas.

Desde afuera, los manifestantes recurrieron a todo lo que podían, piedras y bombas molotovs, hasta que lograron incendiar el edificio. El caos, la confusión fue aprovechado para entrar y saquear el edificio, mientras eran capturados 25 sujetos incursos en la “contramanifestación”

Cerca del mediodía, ya la situación no daba para más. Era evidente que a Lucio Gutiérrez solo le quedaban pocas horas antes de irse, y la gran pregunta era cómo terminaría Lucio.

Paralelamente, el Congreso Nacional intentó sesionar en medio del miedo que recorrió el espinazo de los diputados al ver lo que se les venía encima. De los 100 diputados, solo 62 sesionaron (casi 2/3 del total). Legalmente, entiendo que el Congreso puede sesionar si es convocado por más de la mitad de los diputados (51), sin convocatoria del Presidente del Congreso e instalarse en cualquier locación. Lo que no me queda claro es si el Congreso puede destituir al Presidente con las 2/3 partes de los diputados presentes o con las 2/3 partes del total de diputados del Congreso. Si la figura es esta última, la destitución de Lucio Gutiérrez sería, per se, inconstitucional.

Otro asunto es la causa de la destitución. A Lucio Gutiérrez se le destituyó por abandono de cargo, figura explicada por las reiteradas violaciones del Presidente a la Constitución. Pero, desgraciadamente, es un hecho público y notorio que al momento de su destitución, el Presidente Gutiérrez aún despachaba, daba órdenes y emitía decretos desde el Palacio de Carondelet. Lo cual complica de sobremanera las explicaciones que hay que darle ahora a la famosa Comunidad Internacional, especialmente a esa especie de Junta Vecinal de nuestro barrio que es la OEA.

¡Viva Quito!

Pase lo que pase ahora, me queda el recuerdo de un aguerrido pueblo quiteño en las calles. Nunca olvidaré la resistencia a la Policía y al Ejército alrededor del Palacio de Carondelet, ni la invasión de la pista del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito por parte de manifestantes para impedir la salida del avión en el que huiría Lucio Gutiérrez, ni la aguerrida protesta frente a la Embajada de Brasil (que ya ocasionó el malestar del Gobierno de Lula), ni las barricadas que los quiteños pusieron en las principales avenidas y vías de acceso a la ciudad.

La defensa de la ciudad, a costa de la vida si era necesario; la defensa de los derechos políticos y sociales de los ciudadanos, sin la intromisión o participación de los líderes políticos, al grito de ¡que se vayan todos!, creo que conforman un nuevo escenario en el desarrollo político de América del Sur: los pueblos no van a dejarse pisotear sus derechos por muy dictadores que se consideren sus presidentes; que los líderes políticos comenzarán a verse en figurillas pues sus procedimientos usuales ya no sirven para las complejas realidades sociales; que la política como tal tendrá que actualizarse para ir al mismo ritmo de las demandas sociales; que la Comunidad Internacional no está lista para enfrentarse a las demandas de los pueblos que la componen.

¿Y ahora qué?


Es importante entender el proceso histórico e inédito que está viviendo el Ecuador, para no repetir errores propios o errores cometidos por otros. He escuchado con insistencia en estos días dos temas que me dan vuelta: las asambleas populares (AP) y una asamblea nacional constituyente (ANC). He oído de la necesidad de refundar la nación, de comenzar de cero, de que se vayan todos.

Demandas legítimas para una población hastiada de ver cómo sus dirigentes se burlan de ella hasta el final, hasta que les toca huir a través de un acto de burla adicional (escaparse del país). Demandas comprensibles, en medio de la pobreza económica y de la pobreza intelectual y política de la dirigencia del país.

Pero demandas que, desde mi punto de vista, deben verse con mucho cuidado, pues las asambleas populares y las asambleas nacionales constituyentes, generalmente traen más problemas que los que intentan resolver.


En teoría, una ANC tiene como objetivo refundar al país desde sus bases legales y políticas; redefinir las relaciones entre los ciudadanos y el Estado y redefinir los modelos estructurales de las principales instituciones. Una teoría única y hermosa. Pero en la práctica, los países no pueden “refundarse”, pues son herederos de una historia y de un modus vivendi, una forma única de ser país.

Nadie está amarrado a su historia pero sí está condicionado a ella; eso quiere decir que empezar de cero es un absurdo social (si cabe el término), caben las transformaciones, los cambios, las reformas… pero no empezar de cero.

Cuidado Ecuador. La ANC es un canto de sirenas cuando las poblaciones están hartas… pero no es más que eso, es una trampa que ciertas especies políticas montan a la población para posicionarse como redentores de los nuevos tiempos. Es una manera más sofisticada de alcanzar el poder político para algunos. Pero es mentira que una ANC sirva para darle poder al pueblo. Ya ahondaré en otro momento sobre el tema, pero me preocupa sobremanera que del Mesías convertido en líder (Lucio Gutiérrez) se pase ahora al Mesías convertido en idea (ANC).

El Juego de Lula

Lamentablemente, el gobierno de Brasil dio asilo político al ex – presidente Lucio Gutiérrez, lo alojó en la Embajada en Quito y finalmente hoy domingo 24 salió rumbo a ese país.

Desconozco cuál es el juego del gobierno de Lula, pero queda claro que un gobierno que reivindica una izquierda moderada y progresista, tiene vínculos con los movimientos y líderes de la izquierda latinoamericana. Así, los consentidos de la izquierda son Chávez; Kirchner; Gutiérrez; Vásquez; Lagos.


¿A qué jugó Lula en Venezuela? Durante la crisis del 2002 – 2004, Brasil fue impulsor decisivo del Grupo de Países Amigos, conformado por Brasil; Estados Unidos; Chile; España y Portugal. Se suponía que el gobierno de Lula sería parte mediadora en el conflicto entre el gobierno y la oposición; pero el gobierno brasileño tomó partido en el conflicto, a favor del gobierno de Chávez. Y es que fuimos una manga de ingenuos los venezolanos, por no decir otras cosas.

Nunca entendí el doble discurso de Lula respecto a Venezuela. Y no entiendo ahora su injerencia en la crisis ecuatoriana, al declarar su Canciller Celso Amorín que la destitución de Gutiérrez es inconstitucional. Brasil, a través de Lula, pretende erigirse en el timón continental que lleva la nave latinoamericana al puerto de la izquierda buena. Pero cuidado, Lula también puede correr la misma suerte de Chávez y de Gutiérrez, pues Brasil no camina precisamente sobre un lecho de rosas.

II

Toda esta crisis socio – política me hace reafirmar mi profundo interés en los procesos de nuestros países. La crisis que hoy vive Ecuador es una cara más de la crisis general que viven nuestros países latinoamericanos, especialmente los países de la Comunidad Andina (Bolivia; Colombia; Ecuador; Perú y Venezuela).

Una vez más me ha tocado vivir un levantamiento popular, una rebelión civil, que obliga a las cúpulas políticas y militares a tomar decisiones inmediatas y muchas veces sin criterio. En estas horas críticas para el Ecuador, se ha visto el material de que estamos hechos los latinoamericanos: somos herederos de viejas glorias libertadoras pero también somos constructores de nuevos rumbos, aún cuando no tengamos claro el desenlace de esta crisis latinoamericana ni de la ecuatoriana.

Ojalá la OEA no destruya en actas y en declaraciones la gesta del pueblo del Ecuador. La Rebelión Civil de Quito, en la primavera del 2005, a pesar de que es un signo más de la crisis latinoamericana, también representa una bocanada de aire puro en medio de la contaminación y ahogo en el que están sometidos algunos de nuestros países… y sin dudas, pondrá al descubierto la madeja de intereses que privan en las relaciones entre países. Ojalá que la sensatez y no el petróleo, no los intereses de proyectos políticos continentales, no los intereses económicos locales, sea el principal soporte del Ecuador en estas horas de tensiones.

El Ecuador y los ecuatorianos se merecen un final feliz a esta crisis política.

Prohibido olvidar (10)

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Grabación de parte de la "conversación" entre el presidente Chávez y miembros de los mandos militares. El momento es cuando Chávez da la orden de activar el Plan Ávila para impedir que la marcha llegara al Palacio de Miraflores.

La conversación radiofónica estaba bajo el santo y seña de la "red de tiburones".

Por supuesto, sobra decir quién era "Tiburón Uno"...



¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (9)

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Así dijo Francisco Arias Cárdenas la noche del 11 de abril del 2002.


Hoy, Arias Cárdenas es viceministro de relaciones exteriores para América Latina y el Caribe.

¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

¿Dónde están? (Prohibido olvidar, 8)...

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Hace apenas 7 años, Venezuela vivió uno de los acontecimientos políticos más estremecedores del último siglo.

Una marcha opositora, destinada a llegar al Palacio de Miraflores, fue disuelta con pistoleros y francotiradores (civiles, policías y militares). El saldo, 19 muertos y casi 200 heridos de bala. Esa masacre, responsabilidad del presidente Chávez quien ordenó la activación del Plan Ávila (plan represivo de la Fuerza Armada para la toma de Caracas), provocó la renuncia del presidente y la huída de todo el gabinete de gobierno.

Sin embargo, ese día hubo muchos protagonistas, muchas caras conocidas, algunas de ellas hoy desaparecidas, otras más encumbradas en el gobierno.

Estos desaparecieron de la escena pública, no se supo más de ellos:

  • Pedro Carmona Estanga. Presidente de Fedecámaras para entonces. Se autoproclamó presidente de la República en ausencia de Chávez. Fue apresado, trasladado a su casa (arresto domiciliario), de donde escapó para pedir asilo en la embajada de Colombia. Está en el exilio.
  • Carlos Ortega. Presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). Fue perseguido por el gobierno, capturado, encarcelado y logró fugarse de la prisión. Hoy está en el exilio.
  • Carlos Molina Tamayo. Vicealmirante. Designado por el gobierno de Pedro Carmona como Jefe de la Casa Militar. Pidió asilo en El Salvador.
  • Guaicaipuro Lameda. General de División. Fue ministro de Chávez. Nombrado Presidente de PDVSA por Pedro Carmona. Desconozco su paradero.
  • Néstor González González. General de División del Ejército. Se declaró en rebelión el 10 de abril. Se mantuvo en el país durante el 2002. Hoy se encuentra en el exilio.
  • Manuel Rosendo. General de División del Ejército. Fue encargado del Plan Bolívar 2000. Fue Jefe del CUFAN (Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional). El 11 de abril se negó a cumplir la órden del presidente Chávez de reprimir la marcha a través del Plan Ávila. Hoy, se desconoce su paradero.
  • Efraín Vásquez Velasco. General de División del Ejército. Luego de los acontecimientos en el centro de Caracas, retiró públicamente su apoyo al gobierno y al presidente Chávez. Su mando fue determinante en la renuncia del presidente Chávez y luego en la renuncia de Carmona. Se desconoce su paradero.
  • Leopoldo Martínez. Para ese momento, diputado del partido Primero Justicia. Fue nombrado ministro de Finanzas por el gobierno de Pedro Carmona. Se esfumó de la escena pública.
  • Héctor Ramírez Torres. Vicealmirante. El 11 de abril se pronunció contra el gobierno junto a otros oficiales. Fue nombrado ministro de Defensa por Pedro Carmona. Se desconoce su paradero.
  • Daniel Romero. El personaje que leyó los "decretos" del nuevo gobierno. Nombrado Procurador General de la República por el gobierno de Carmona. Primera y última vez que lo vi en público.
  • Isaac Pérez Recao. Empresario. Considerado por algunos como la cabeza que manejó la tramoya del gobierno de Pedro Carmona. Hoy, se encuentra en el exilio.
Sospechosamente, de estos dos últimos personajes, que tuvieron participación activa, pública y notoria, el gobierno de Chávez nunca ha hecho mención.

Otros protagonistas opositores de ese día, aún siguen teniendo vigencia: Enrique Mendoza; Henrique Capriles Randonski; Leopoldo López. Todos perseguidos por el gobierno, el primero y el tercero inhabilitados políticamente. Capriles es gobernador de Miranda, asediado por el gobierno central.

Prohibido olvidar (7)

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Uno de los personajes claves del 11 de abril de 2002 es el capitán Otto Gebauer. A su cargo estuvo la custodia del renunciante Hugo Chávez el 12 y 13 de abril, luego de los acontecimientos que desencadenaron su salida del Palacio de Miraflores.

Gebauer, también conocido como el capitán que vió llorar a Chávez, escapó a Perú tras la cacería que se armó en su contra; de allí volvió clandestinamente a Venezuela, donde fue apresado, juzgado y sentenciado a 12 años de prisión.

Desde el blog de Martha Colmenares, una nota escrita por la esposa del capitán Gebauer al recibir el mes pasado un "beneficio procesal":

Hola amigos, quiero compartir con ustedes la buena nueva.

Efectivamente el día viernes 13 de Marzo de 2009 le fue otorgado el beneficio de regimen abierto al Capitan en situación de retiro Otto Gebauer.

El cual está contemplado en el COPP Art 500 en adelante; de las formulas alternativas al cumplimiento de la pena.

Regimen abierto: cuando el penado ha cumplido, por lo menos, un tercio de la pena impuesta, el cual debe cumplir de lunes a jueves en un Centro de Trabajo Comunitario y de Viernes a Domingo en su casa.

El capitan Otto Gebauer fue condenado como complice por los delitos de Insubordinación y Privación Ilegitima de la Libertad del Ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías los días 11,12 y 13 de abril de 2002 a cumplir una pena de 12 años, 6 meses, 22 días y 12 horas de presidio, mientras que al autor de estos delitos, el Coronel Luis Beltran Vaamonde Rojas, lo condenaron a 3 años y 2 meses como autor culpable y responsable y le dan la Libertad Plena este mes de marzo.

En el caso del capitán no se puede decir que se ha hecho justicia ya que la pena que le impusieron como complice es mil veces mayor a la que le impusieron al autor, aparte que el no cometio ningun delito lo que hizo fue garantizar los derechos humanos de Hugo Chavez los días de abril de 2002, además todos los años que paso su hija sin él no tienen precio y eso nunca no los podran pagar, pero ahora lo tenemos en casa gracias a Dios y su hija esta feliz de tenerlo a su lado.

Yo espero que los demás prisioneros politicos tambien algún día puedan estar en libertad y quiero que sepan que siempre cuentan con nosotros porque no estamos con una libertad plena estamos bajo un regimen especial que le correspondía por ley.

Seguimos en la lucha y mil gracias y bendiciones a todos nuestros amigos que siempre han estado con nosotros.

Atentamente.
Ana Mercedes Peteh de Gebauer.


Aquí, una entrevista hecha en la clandestinidad al capitán, en la que relata los acontecimientos de abril del 2002.

Prohibido olvidar (6)

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La cadena presidencial del 11 de abril del 2002, 5ta parte.

Pocas horas después, el presidente Chávez fue obligado a renunciar por el Alto Mando Militar de entonces, encabezado por el general Lucas Rincón Romero. Así como renunció, dejó en manos de la Asamblea Nacional la sucesión presidencial, pues en la renuncia también destituyó al vicepresidente Diosdado Cabello.

La Asamblea Nacional estaba lista para aceptar la renuncia del presidente Chávez y nombrar el sucesor (o sucesora, claro). Ya estaba cuadrada una mayoría calificada para ello, la cual contaba con unos cuantos diputados del chavismo.

Luego de la renuncia, Chávez fue apresado y trasladado al Fuerte Tiuna. Los mandos militares de entonces no quisieron negociar su huída hacia Cuba, tal y como lo solicitaba repetidamente el lloroso comandante. De Caracas fue trasladado a la isla de La Orchila, donde permaneció bajo custodia de la Fuerza Armada (específicamente, del capitán Otto Gebauer).

¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (5)

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4ta parte de la cadena del 11 de abril de 2002.

¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (4)

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La cadena, 3era parte.


¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (3)

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La cadena, 2da parte


¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (2)

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Hace 7 años se produjo uno de los acontecimientos políticos más lamentables que ha sufrido Venezuela.

El 10 de abril de 2002, el país estaba paralizado producto de un llamado a huelga general indefinida hecho por la Conferederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y por Fedecámaras (que agrupa a los empresarios privados del país).

Recuerdo que ese día, factores políticos de oposición, liderados por los trabajadores de PDVSA expulsados por el presidente Chávez, convocaron una concentración en la sede de PDVSA en Chuao.

Esa tarde cayó un aguacero impresionante, mientras decenas de personas daban discursos desde una tarima. También ese día, el General de División Néstor González González se declaró en rebeldía contra el gobierno.

Al día siguiente, se desencadenaron los terribles acontecimientos que aún constituyen una herida abierta en nuestro país.

La ONG "Alianza Cívica de la Sociedad Civil Venezolana" elaboró un video de los acontecimientos del 11, centrándose en lo que fue la cadena presidencial que ocultó la matanza que estaba ocurriendo en el centro de Caracas.

Ese trabajo revela todo lo que ocurría mientras Chávez hablaba: los avances de la marcha, los enfrentamientos entre civiles, entre civiles y militares, la acción de francotiradores, heridos y muertos. Hay imágenes fuertes, de momentos en que algunas personas fueron alcanzadas por las balas asesinas.

Son varios videos. Este es el primero:



¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Cuatro efe

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Con esa aparición pública se dió a conocer el teniente coronel del ejército Hugo Chávez, el 4 de febrero de 1992. Hace 17 años ya.
Un gran error de los protagonistas del golpe del 4F ha sido la justificación a como dé lugar del hecho de fuerza. Los "comandantes" del golpe siempre se han visto como los predestinados a salvar a Venezuela de la podredumbre en que estaba metida, sin darse cuenta que su accionar violento fue precisamente una demostración más de lo podrida que estaba toda la institucionalidad del país.
El "bautizo" de Chávez no fue, como él hubiese querido, a sangre y a fuego. No. No se batió a plomo ni irrumpió en Palacio manejando un tanque o sobrevolando el cielo caraqueño con un F-16. Ni siquiera una cicatriz de guerra. Al menos no física.
Su bautizo, quiera o no, fue mediático. A través de la palabra. Toda una ironía. Chávez quiso imponer la violencia como discurso (es decir, en sustitución al discurso), pero en su rendición televisada -y telegénica- pidió reflexión a los otros comandantes que permanecían alzados y con las plazas ganadas en batalla. Siempre me he preguntado, ¿qué habrán pensado los otros comandantes cuando vieron a "tribilín" en televisión?
Años después, de nuevo usando la palabra como gatillo, Chávez detona otras violencias... la de sus seguidores, la de quienes harían hasta lo imposible para retrocederle el tiempo al comandante y entregarle una victoria que jamás tuvo entre sus manos.
Desde hace mucho creo que Chávez vive en un perenne 4F. Que cada día que se levanta tiene la misión de terminar esa vieja batalla que quedó inconclusa en su cabeza. Que por eso todos los días se inventa un enemigo, una batalla, un grito de guerra, un comando armado, un asalto institucional, una ráfaga de insultos y provocaciones, un intento de reducir y hacer rendir al enemigo. Que por eso, cada día nos va a hacer vivir su 4F desde la posición que no pudo entonces: la del ganador, la del conquistador, la del guerrero que triunfa, porque eso fue precisamente lo que no pudo ser.
Hoy es 4F y Chávez se celebra a sí mismo, haciéndose loas en lo militar, lamiéndose la vieja herida psicológica de la derrota... pero mañana, mientras para el mundo entero será 5F, para Chávez seguirá siendo 4F y hará hasta lo imposible para que lo sea también para nosotros.

50 años

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Hoy, 23 de enero de 2008, se cumplen 50 años del derrocamiento del General Marcos Pérez Jiménez de la Presidencia, lo que se celebra como el comienzo de la etapa democrática del país.


Una fecha polémica para los venezolanos. Especialmente para quienes tratan de meter los hechos históricos en su propio saco ideológico. El chavismo -aquella masa de fanáticos de Chávez-, nunca ha tenido claro qué hacer con esa fecha: en algún momento dijeron que no había nada que celebrar, después trataron de realzar la fecha y convertirla en antecedente del 4 de febrero, y otras veces trataron de ignorarla.

En realidad, debe ser difícil lidiar con ese tipo de acontecimientos cuando uno porta una camisa roja como uniforme. Siendo militar Pérez Jiménez, es como raro que otro militar como Chávez lo ignore o lo trate mal. Pero siendo una fecha celebrada por la población, es como raro que mi Comandante no le guste lo que me gusta a mí. Es complejo para el chavismo, y si algo hemos aprendido en estos 10 años es que Chávez y su gente no pueden lidiar con cuestiones complejas.

En todo caso, el 23 de enero es una fecha que ha recobrado su brillo y que tiene que servir como aprendizaje para todos los venezolanos.

A continuación, algunas cosas que escribí tal día como hoy en 2002, 2003 y 2004.


23 de enero 2002 (3 meses antes del 11 de abril)

Acerca del 23 de enero hay mucha tela que cortar. Creo que ayer se asomó por primera vez a la calle un viejo (por lo menos para mí) anhelo: que nos diéramos cuenta la fortaleza que tiene la unidad del cuerpo social, o lo que es lo mismo, que entendiéramos que juntos somos mayoría y las mayorías tienen que ser escuchadas.

Lo que vi ayer en la marcha (la llamada de oposición) fue impresionante, personas de todos los niveles sociales; personas que nunca habían participado en una marcha (que se sorprendían al escuchar cosas tan inéditas para ellos como “el pueblo unido jamás será vencido”); personas que en su vida habían pisado la Avenida Lecuna (“m… ¿y dónde estamos? ¿Cómo se llama esto por aquí?”); personas de todas las edades (desde chamos recién estrenando su condición de adultos hasta las señoras y señores que bien hubiesen merecido ir sobre nuestros jóvenes hombros); personas militantes de organizaciones de la sociedad civil y de partidos políticos… en fin, personas, muchísimas personas que íbamos con un objetivo bien claro y definido: hacer sentir nuestra voz de protesta y pedir rectificaciones profundas.

Sin embargo, también creo que esta movilización es apenas el comienzo: de aquí en adelante la sociedad tiene que moverse con objetivos claramente definidos. Si me preguntaran diría que tenemos una tarea: la reconstrucción y reunificación del país, constituida a su vez por dos fases muy claras y sumamente complejas:

La primera fase implica la salida del Presidente de la República, al menor costo posible (en términos de sangre, sudor y lágrimas). El primer paso para la reconstrucción del país inevitablemente tiene que ser la renuncia del Presidente, ya que ha puesto de manifiesto una profunda y constante incompetencia para gobernar en democracia. Más allá de su estilo personal (muy inadecuado, por cierto), el estilo de gobierno ha profundizado la fractura social existente en el país, con todas las consecuencias que eso nos trae en lo personal, social, económico e internacional.

Sabemos que será una tarea muy ardua, sabemos que el Presidente no renunciará por una marcha multitudinaria como la de ayer. Creo que sólo una gran presión promoverá su salida. Una gran presión, además de civil y mediática, también legal, militar y hasta internacional (la comunidad internacional tiene los ojos puestos en Venezuela)

Nos toca a todos seguir ejerciendo presión, especialmente a los que somos parte de la Generación del 89 (la generación que políticamente hablando nació el 27 de febrero de 1989), quienes tenemos actualmente entre 25 y 40 años, nos toca la tarea de presionar no sólo en la calle sino a través de todos los mecanismos posibles (hablar cara a cara con nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo; ir a la calle cuando sea necesario; escribir a los medios; utilizar internet, reunirnos con grupos de la sociedad civil, entre muchas otras posibilidades)

La presión debe dirigirse no sólo hacia el Presidente, sino que también debe dirigirse a la Asamblea Nacional, a la Defensoría del Pueblo, al Tribunal Supremo de Justicia, a la Fiscalía General de la República y a todas las instituciones del Estado para que no se conviertan en simples apéndices del radicalismo político, sino que funcionen para todos los ciudadanos del país.

La segunda fase, tan importante y compleja como la primera, arranca una vez lograda la salida del Presidente y su equipo de gobierno: la transición hacia la reconstrucción del país. Es una tarea mucho más compleja porque tenemos que preservar el impulso participativo de la sociedad, a la vez que levantar la vista y proponernos objetivos a corto, mediano y largo plazo.

Necesariamente tendremos que poner en juego todo nuestro bagaje democrático, porque será tiempo de participación activa, consciente, constante y orientada al logro de metas previamente definidas. El impulso democrático tiene que convertirse en tarea cotidiana, porque a fin de cuentas la democracia es, más allá de un sistema de gobierno, un estilo de vida que debe prevalecer en todos los espacios donde hacemos vida (hogar, trabajo, universidad, calle, entre otros)

La jornada apenas comienza. Por delante tenemos una tarea mucho más compleja que ir a una marcha como la de ayer (importante pero no suficiente). El reto, definitivamente, está planteado.

“Lo más atroz de la gente mala, de las cosas malas es el silencio de la gente buena”
(Ghandi)


23 de enero 2003 (en medio del paro general)

23 de Enero (o cómo las palabras no son necesariamente la realidad)

I
Ayer, una vez más, nos enfrentamos a una de esas tamañas inconsistencias a las que nos tiene acostumbrado el régimen. Es fácil recordar cómo el Presidente nos contó durante muchos años que el 23 de enero no había nada que celebrar. De repente, de la nada, como quien saca un conejo de un sombrero de copa, el año pasado el verbo presidencial hizo añicos su propia lógica y se decidió a capitalizar la fecha como un antecedente histórico de su 4 de febrero.

En consecuencia, la fecha pasó a convertirse en otra oportunidad de mostrar el mundo paralelo en el que vive el Presidente y, de paso, ejercitar el agotado músculo de la calle, tan esquiva últimamente a los afectos presidenciales.

Sin embargo, a la luz de los acontecimientos vividos ayer en Caracas, y viendo un poco más allá de las cantidades, quisiera hablar de la calidad del discurso oficialista. No es un secreto que el discurso oficialista, especialmente el presidencial, tiene la cualidad de querer torcer la realidad de una manera tan brusca que a leguas se le ven las costuras y a todos nos sorprende.

Para el Presidente, sus palabras per se son acciones y hechos. Las palabras, lejos de ser parte del proceso de simbolización de estructuras ideológicas, pensamientos y/o sentimientos, se les han convertido en su realidad. La palabra no simboliza nada; la palabra es la acción. En criollo, si digo que ayer hubo seis millones de personas en las calles de Caracas es porque esa es mi realidad y como tal me comportaré (aquí no vale el dato golpista de las respetables ciento cincuenta mil personas que hubo aproximadamente en la Avenida Bolívar). También, si dijimos que no hay referéndum, pues entonces no hay razón para que exista una valla fascista en Altamira, con un fulano conteo de días.

Más ejemplos: si decimos que “no pasarán”, pero los muy desgraciados terroristas insisten en pasar; entonces las piedras, palos, botellas, lacrimógenas y balas se encargarán de que las palabras se hagan realidad. Otro más: en las concentraciones a las que es adicto nuestro Terror del Llano presidencial, cada vez que profiere una ardorosa proclama contra los traidores a la patria y enfila su metralla verbal contra la oposición subversiva, sus seguidores comienzan a corear: “Así, así … así es que se gobierna”, creyéndose y haciéndole creer a su máximo líder que en serio sus palabras ya son acciones de gobierno. Un giro argumentativo nos permitiría explicar por qué sus seguidores no exigen obras tangibles de Gobierno: la metralla verbal es la mejor de sus obras.

Por ello, cada vez que el Presidente abre la boca hay que escucharlo atentamente. En sus palabras están sus acciones.

El peligro es que mientras la facinerosa realidad insiste en mostrarse diametralmente opuesta a las palabras presidenciales, entonces hay que torcerla a través de medidas cada vez más grotescas y violentas para doblegarla y volverla a los cauces revolucionarios. Por eso, mientras más se profundice el abismo entre la realidad y el discurso revolucionario, debemos esperar acciones más violentas y fanatizadas.

II

Lo de ayer en Caracas, para mí, se inscribe dentro de las características descritas del discurso revolucionario. Fue una gran movilización, tomando en cuenta los problemas de combustible y alimentos que hay en el país. Fue un gran esfuerzo. Pero no pudo cubrir las sobre - expectativas verbales del discurso oficialista. Desde lejos, se sintió la densa carga emocional que deben cargar sobre sus hombros algunos adeptos al oficialismo, quienes tienen que repudiar en silencio lo que en público aplauden fervorosamente.

Por lo demás, el 23 de enero, el espíritu de la fecha, se ha hecho presente desde hace un año en todas las acciones destinadas a restituir la democracia en Venezuela. El 23 de enero vive en cada uno de nosotros, todos los días. El oficialismo no entendió que no se trataba apenas de una fecha más en el calendario festivo revolucionario, sino que es un sentir que hemos rescatado los venezolanos, tanto los que vivieron como los que no vivimos aquella fecha histórica. Nuestro 23 de enero es todos los días.

23 de enero 2004 (8 meses antes del referendum revocatorio presidencial)

Veintitrés de Enero, otra vez

I
Cada vez que entramos en un año nuevo, por lo menos desde hace unos diez años para acá, empieza el rosario de fechas que nos han marcado la vida como Nación en los últimos 45 años. 23 de enero; 04 de febrero; 18 de febrero; 27 de febrero… fechas con las que tenemos que convivir, lidiar y cargar pues aún tienen una fuerte resonancia en nuestra cotidianidad.

Antes de 1998, el 23 de enero fue diluyéndose gradualmente como fecha histórica, casi daba vergüenza referirse a un día que había engendrado a esa caricatura de democracia cristalizada en el Pacto de Punto Fijo. Cuarenta años después nos dimos cuenta de que aquel experimento no había tenido éxito y que, más bien, había resultado el fracaso más estrepitoso de nuestra vida republicana. Tal fue la conmoción de ese “darnos cuenta” que tuvimos que repartir las culpas en el sistema político, los partidos políticos y sobre todo en los “políticos”.

Eso bastó para que el actual Gobierno se creyera con carta blanca para barrer el sistema político por completo, con la falsa creencia de que quedaría un vacío tal que podría ser llenado con cualquier cosa que nos ofrecieran. Y ese fue uno de los grandes errores de los genios revolucionarios, pues pensaron que la mayoría venezolana estaba compuesta de borregos enclenques mentales que seguirían firme y a discreción cualquier estupidez que dijera el Mesías del Samán de Güere. No contaron con que la mayoría de los venezolanos nació y creció en una cosa que se llama democracia –buena o mala, pero democracia al fin- y que, por tanto, teníamos inscrito en nuestro ADN cultural un bagaje que no se podía disolver de la noche a la mañana, mucho menos a punta de balas o desenfrenos verbales… y es que los venezolanos obligados, ¡ni a la esquina!

II
Todavía recuerdo con mucha emoción cuando, en el 2002, fuimos a las calles de Caracas alrededor de trescientas mil personas –todo un record en el momento- más que para celebrar el 23 de enero como para protestar al presente Gobierno. De todas maneras, protestar a este Gobierno representa un homenaje implícito al 23 de enero de 1958, pues por primera vez los venezolanos sentimos que estábamos a punto de perder las bases de la vida de la Nación. El llamado espíritu del 23 de enero renació desde entonces, desde el año 2002, como preludio de la lucha en la que aún estamos sumidos.

Ante la evidencia de que el 23 de enero no había desaparecido del imaginario colectivo, los revolucionarios echaron para atrás su ofensiva contra esa fecha y se dedicaron a festejarla; pero no contentos con eso, buscaron un absurdo hilo conductor entre esa fecha y “su” fecha (4 de febrero): El pueblo que se alzó el 23 de enero levanta las banderas el 4 de febrero. Algo así muy parecido apareció en las paredes caraqueñas hace pocos años.

El 23 de enero de 2002, sentí una muy profunda emoción pues se palpaba desde entonces el espíritu aguerrido, fuerte y apasionado que nos llevó hasta el trágico 11 de abril. Ha pasado mucha agua debajo del puente desde entonces y aún no hemos logrado el objetivo: la salida del Gobierno para comenzar el largo camino de la reconstrucción social – política – económica – moral que merece nuestro país. Pero hay que seguir adelante: ¡Ni un paso atrás!

III
Este 23 de enero llega a nosotros con una fuerte carga de emociones encontradas: desde el desánimo y el escepticismo más absoluto hasta la pasión más profunda. Pero nadie está al margen de este momento emocional que vive el país.

Solo nos queda prepararnos para futuras batallas, legales, de calle, las que sean. El 23 de enero ha renacido como el ave fénix. Si para algunos todos los días son un 4 de febrero, una batalla inconclusa, un bombardeo constante, un fracaso que se esconde tras la magia de las palabras; pues para otros cada día debe ser un 23 de enero, una batalla ganada, una victoria contra el retroceso y la barbarie, una victoria más civil que militar. Una victoria, a secas.

En la Avenida Victoria es la cosa.