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Artículo premonitorio

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Hoy, en Noticiero Digital (www.noticierodigital.com), releí un artículo escrito por el periodista Carlos Alberto Montaner por allá en agosto de 1998.

Hablaba de lo que representaría Chávez para Venezuela, apenas cuatro meses antes de que éste lograra su triunfo electoral.

No le hicimos caso. Y hoy es tarde. Jamás podremos decir que nadie nos advirtió.

Este es el artículo.


UN CAUDILLO CON LA CARA PINTADA
Carlos Alberto Montaner.

A Venezuela le está saliendo un caudillo. Los caudillos le salen a las sociedades como los golondrinos le salen a la gente en los sobacos. Y salen por las mismas razones: una severa infección que aflora en un punto del cuerpo cuando las defensas están bajas. El caudillo venezolano se llama Hugo Chávez y se hizo muy famoso en 1992 cuando organizó un golpe militar contra el gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasó, pero el intento bastó para hacerlo tremendamente popular entre muchos venezolanos.

A las 72 horas de la asonada castrense, de acuerdo con las encuestas de la época, 65 por ciento de la población adulta decía respaldar al golpista. Hoy, a los seis años de aquella sangrienta aventura, Hugo Chávez amenaza con convertirse en el próximo presidente de Venezuela, pero no para mantener las instituciones del país, sino para llevar a cabo la mítica revolución radical de izquierda, utilizando para ello los recursos del Estado de Derecho. Algo parecido a lo que Hitler y Mussolini hicieron en los años treinta en sus respectivas naciones. Se servirá de los procedimientos democráticos para disolver el Parlamento y gobernar a su antojo por decreto. Naturalmente, hundirá al país en el horror y la violencia, pero eso es algo que la mayor parte de los venezolanos hoy son totalmente incapaces de percibir. Están demasiado entretenidos en luchar contra la inflación, el desempleo y la inseguridad ciudadana para preocuparse por la defensa de las libertades. Sufren -y con razón- la nostalgia de aquellos tiempos gloriosos en que un dólar valía cuatro bolívares, mientras ahora les cuesta quinientos.

Tienen demasiada rabia contra los políticos y funcionarios corruptos, y demasiada indignación contra la ineptitud de la burocracia estatal, para detenerse a pensar en que Chávez, lejos de resolver los problemas del país, los agravará cruel e irresponsablemente, aunque sólo sea porque en su cabeza violenta y cuartelera no hay otra cosa que ideas insensatas extraídas de la mitología revolucionaria latinoamericana de mediados de siglo.

En un país que se muere de estatismo, Chávez aumentará el perímetro del Estado.

En una sociedad agredida durante décadas por absurdos controles económicos, Chávez multiplicará los cerrojos y limitará aún más las libertades políticas.

En una nación en la que el Estado de Derecho es casi una ficción, este presidente carapintada sustituirá cualquier vestigio de constitucionalismo que quede en pie por su omnímoda voluntad. "¿Cuál es nuestra Constitución?", se preguntaba en los años treinta el doctor Hans Frank, nazi notorio. Y enseguida se contestaba: "Nuestra Constitución es la voluntad del Führer".

La Constitución de los venezolanos será la voluntad de Chávez. El caudillismo es eso: una abdicación de la soberanía popular, una transferencia de poderes. Cómo saldrán los venezolanos de este atolladero? Por supuesto, muy magullados. Basta leer cuidadosamente los discursos de Chávez en La Habana, publicados en el periódico Granma, y los elogios que Castro le propina, para comprobar que este hombre no tiene la menor idea sobre cómo los pueblos crean riqueza y cómo la destruyen.

Si gana las elecciones, una vez instalado en Miraflores, en el mejor de los casos se comportará como Salvador Allende - un caotizador de izquierda- y en el peor, intentará hacer una revolución de corte estalinista semejante a la de su admirado vecino cubano. En ambas situaciones movilizará a sus partidarios y los encuadrará en formaciones cuasi militares para defender la revolución, arriesgándose a un peligroso enfrentamiento con el Ejército, donde siempre habrá algún Pinochet dispuesto a sacar los tanques a la calle para liquidar violentamente a quienes pongan en peligro la hegemonía de las Fuerzas Armadas. Esto es gravísimo.

Los militares venezolanos pueden ser devastadores si se disponen a matar. Hace años le pregunté a un general de ese país cómo habían controlado el "caracazo" - los motines callejeros de la capital- todavía recuerdo con cierto escalofrío su respuesta torva y sin emociones "raspamos a mil coños de madre en una noche", dijo mientras aplastaba su cigarrillo en el cenicero con un gesto displicente. Así, innecesariamente, puede acabar este absurdo drama: millares de venezolanos "raspados", extirpados como verrugas por personas violentas de uno y otro bando que han sido incapaces de encontrar fórmulas para solucionar pacíficamente sus conflictos.

¿Hay maneras, todavía, de impedir esta catástrofe? Sí, si las fuerzas democráticas fueran capaces de pactar la gran coalición de la libertad, pero no sería honrado forjar esa alianza sólo para derrotar a Chávez en las urnas.

Eso sería mezquino. Habría que proponer un plan realista y serio que les demuestre a los venezolanos que la respuesta a sus males está en la democracia y en el Estado de Derecho, y no en la acción de los caudillos fascistoides. No sólo se trata de salvar a Venezuela del daño que en el futuro puede hacerle Hugo Chávez. El objetivo también es salvar a Venezuela del daño que le han hecho en el pasado otros venezolanos que llegaron al poder sin la cara pintada.

Carlos Alberto Montaner/Agencia Internacional de Prensa

El "parrillero" de Bolívar

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Había tardado en llegar a mi e-mail. Pero finalmente llegó. Es una imagen que ha venido pasando de mail en mail y de la cual ya me habían contado.


Supuestamente, esta "obra" está colgada en una oficina en el Tribunal Supremo de Justicia. Puede que sea así o no, pero no es descabellado pensar en que sea cierto, dado el nivel de "jalabolismo" (adulación extrema en Venezuela) existente.

Por cierto, no se si en otros países de habla hispana se usa la palabra "parrillero" para designar a quien va en una motocicleta acompañando al conductor. Aquí por lo menos se usa.

Valga la expresión entonces para esta barbaridad que estamos viendo: ¡Chávez de parrillero nada más y nada menos que de El Libertador!


Así estamos.

Chávez, C.A. ® (II)

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En el libro "El Culto a las Marcas", David Atkin plantea similitudes entre lo que son los cultos religiosos y lo parecido que han logrado hacer algunas marcas.

Marcas como Apple; Harley-Davidson; Saturn; Body Shop; WWF son nombradas con frecuencia a lo largo del libro como ejemplos concretos de hasta dónde se puede llegar.

El mismo análisis puede hacerse de organizaciones y personas, en cualquier ámbito. El terreno político se presta por la constante exposición que tienen los partidos y los políticos frente a los ciudadanos.

Eso me lleva a pensar en las marcas Obama™ y Chávez ® como susceptibles de análisis.

Según Atkin:
... para atraer a personas (...) los cultos y los cultos a las marcas tienen que funcionar como "faros en el horizonte". Los cultos tienen que cultivar el concepto de separación y de hogar en todos aquellos que se sienten desamparados. Para crear un sentimiento de separación compartido por los miembros de su organización tendrá que:

  1. Definir su particular sentimiento de diferencia.
  2. Declarar su diferencia dándole cuerpo en una doctrina y con un lenguaje propio.
  3. Desmarcarse uno mismo del mundo exterior.
  4. Demonizar al otro.
La primera parte, la de definir el particular sentimiento de diferencia, tiene que ver (en el caso Chávez ®) con el descontento con el sistema establecido que encontró el chavismo a partir de 1992, acentuado en 1998.

Muchos encajaron en ese descontento en 1998 que, convenientemente canalizado y traducido por el chavismo en votos, permitieron la llegada a la presidencia de su líder. Pero el descontento que en principio era masivo y heterogéneo -por tanto, más plural y cercano a lo democrático-, fue rápidamente desactivado, una vez se logró el objetivo electoral: la toma del poder por la vía pacífica.

La segunda parte, la de declarar su diferencia, ha sido concretada en diversas oportunidades por el propio presidente Chávez. A muy grandes rasgos, el chavismo ha tenido tres momentos de definición "ideológica" (al menos de definición nominal): primero fue la opción "patriótica", desde 1992 hasta la llegada al gobierno en 1998. Luego fue postulado el "bolivarianismo" como guía, lo cual duró más o menos hasta el referendum revocatorio de 2004. Y, el último avance nominal fue el llamado "socialismo del siglo XXI".

En cada paso, se ha decantado movimientos políticos y personajes que hicieron vida pública con el presidente Chávez, a la vez que se han trazado estrategias y tácticas políticas diferentes.

Así como se habla del socialismo del siglo XXI, se difama y degrada -como la antítesis que hay que desaparecer- al llamado capitalismo salvaje.

El tercer punto, desmarcarse del mundo exterior, es fácil de comprobar. Dice Atkin que "los rituales, la apariencia, la doctrina y la conducta de sus miembros establecen una frontera entre el culto y la norma dominante".

Basta ver cualquier acto público del chavismo para entenderlo. Por ejemplo, la adoración al líder es un ritual que se repite constantemente en forma de propaganda, adulación descarada y directa, el "aplausionismo" compulsivo e irracional -que me perdonen los puristas del lenguaje-, la vestimenta rojo sangre, los mismos vocablos del líder repetidos incesamente por sus ecos.

Eso por no hablar de la hostilidad desafiante frente a la prensa no comprometida con el oficialismo; frente a los empresarios; y frente a todo aquel que quiera romper la ilusión de armonía del culto.

El argot usado por un Chávez enamorado de su propia imagen y voz, en interminables alocuciones televisadas, es imprescindible para cohesionar a los devotos.

Lo de "demonizar al otro" es uno de los aspectos que más ha cuidado el chavismo, acaso por ser el más fácil de poner en práctica: es en lo que más se ha esmerado el verbo incendiario del presidente.

Escuálidos; escualidismo; estupidismo; pitiyanquis; pitiyanquismo; oligarcas; oligarquía; demonios; golpistas; fascistas; cuarta república; bushistas, imperialistas; ricos; ricachones; terroristas; racistas;
y muchas otras balas que han salido de la metralla verbal presidencial. Balas verbales que, por cierto, han instigado al uso del otro tipo de balas.

Para cerrar, por ahora, dejo estas palabras de Atkin:

"... los demonios intangibles pueden permitir a un culto o a una marca representar las amenazas sin límites de tiempo para ellas... Los intangibles tampoco están sometidos a las limitaciones de tamaño. Aunque Apple llegara a crecer tanto como Microsoft o IBM, estas organizaciones nunca perderían su credibilidad como amenazas para la comunidad Mac...

... Un culto o un culto a una marca deben funcionar como un faro para atraer a todos aquellos que están descontentos con el status quo. Para conseguirlo, debe identificar la fuente en la que beberá su potencial sentimiento de separación... Para llamar a los descontentos, una organización debe librarse a sí misma de las normas de la cultura y declarar y demostrar su separación ante aquellos que se sienten excluídos..."

Continuará...

"Ponerse cómico" (II)

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Venezuela sigue siendo un país lleno de cómicos/ payasos/ popys, empezando por el presidente Chávez, siguiendo por sus ministros (como Elías Jaua, por ejemplo), pasando por el coro de ranas bolivarianas que hace eco en los medios oficialistas y terminando con los "aplaudidores" de todo pelaje que siguen al primer payaso.

Esta semana, el primer payaso puso de moda la expresión "ponerse cómico" para referirse a los empresarios privados que se opongan a sus tripas (o a sus designios, en su caso es lo mismo). El mensaje es claro: se lo aguantan porque sí, porque me da la gana, porque yo soy el que mando. No hay razón, sólo fuerza. No hay ganas de producir, sólo ganas de arrebatar lo que otros producen. No hay "política", hay violencia -retórica y fáctica-.
"Pónte serio" Chávez. No te sigas poniendo popy, que el país ya está lleno de payasos.

¿De qué te sirve decirle a Lorenzo Mendoza en cadena nacional "vente pues" como un matón de esquina que quiere someter a alguien? ¿Crees que con eso estás venciendo a tu principal enemigo? La ineficiencia y la bancarrota son los enemigos, no Lorenzo Mendoza, no las Empresas Polar ni Cargill. ¿Crees que hoy ese pueblo, al que dices adorar, va a acostarse feliz porque vas a expropiar a Mendoza?

¿Y qué vas a inventar mañana? Cuando te lleguen los números de las encuestas y se evidencie el rechazo a todas las decisiones de intervención brutal del Estado (Cargill; Polar; Mary; areperas; exposiciones; haciendas; etc.), tendrás que inventarte otro numerito.

Te metiste en un callejón sin salida: o das la orden ya de expropiar a Empresas Polar o vas a quedar como el bocón de siempre frente a tus leales. Y ambas cosas son malas para ti.

¿Es que nadie tiene los cojones de decírtelo en tu cara?

Así estamos.