Mostrando las entradas con la etiqueta 11 de abril. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 11 de abril. Mostrar todas las entradas

Mala (ley de) educación

0 Comentarios para la Caja

Parece una broma, un chiste de mal gusto.

El gobierno venezolano, cuyos funcionarios son los que manifiestan la más profunda mala educación posible, son los que pretenden aprobar un mamotreto jurídico llamado Ley Orgánica de Educación que regulará y controlará gran parte de la vida pública del país.

Lo anterior puede verse como un dato anecdótico nada más... pero el asunto va más allá. El problema es meter el pensamiento de los cuarteles en las instituciones educativas. Recordemos que en los cuarteles se ordena y se obedece. Y los aplastadores del gobierno ahora quieren ser educadores. Educadores en el arte de aplastar al diferente. Educadores en el arte de ser aplastado si eres diferente.

Dicen que hay tres leyes angulares en el proceso sistemático de asfixia a la democracia en Venezuela: la ley contra delitos mediáticos (no hables); la ley de propiedad social (no tengas) y la ley de educación (no pienses).

El país está alborotado por los cuatro costados. Un ruido sordo recorre la geografía nacional de arriba a abajo, de este a oeste, de norte a sur, de día y de noche. Ese murmullo no es más que el preludio de la rebelión que se viene encima y que es inevitable... Chávez sabe que es inevitable... sus funcionarios saben que es inevitable... la Fuerza (Des)Armada sabe que es inevitable.

Por eso se lanzan al vacío... porque ya es inevitable el desenlace. Por eso van a pasar la aplanadora legislativa aprobando todas las leyes; por eso van a aplastar cualquier alzamiento en cualquier instancia de la vida nacional.

Chávez sabe que lo mejor que le puede pasar es terminar humillado como Zelaya: vagando (literalmente) por todos los países, sin saber dónde dormir ni quién lo va a recibir para escuchar sus penas. Por eso apuesta a la reedición del 11 de abril, pensando que esta vez sí se lo van a llevar a Cuba... piensa que la izquierda mundial lo va a cuidar, que las masas oprimidas del mundo se levantarán si a él le pasa algo. Cree que Lula lo va a financiar... o que Raúl lo puede alojar unas semanitas mientras decide armar su ejército para retornar a Caracas.

Pero no. Eso no va a ocurrir.

La educación debe ser la antítesis de la violencia. Por eso la paradoja de la violencia alrededor de la Asamblea Nacional mientras adentro se habla de Educación.

Así estamos.

Adivina dónde...

0 Comentarios para la Caja

¿Dónde fue tomada esta foto?



¿Caracas, abril del 2002? ¿Teherán, junio del 2009?

Prohibido olvidar (10)

0 Comentarios para la Caja

Grabación de parte de la "conversación" entre el presidente Chávez y miembros de los mandos militares. El momento es cuando Chávez da la orden de activar el Plan Ávila para impedir que la marcha llegara al Palacio de Miraflores.

La conversación radiofónica estaba bajo el santo y seña de la "red de tiburones".

Por supuesto, sobra decir quién era "Tiburón Uno"...



¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (9)

0 Comentarios para la Caja

Así dijo Francisco Arias Cárdenas la noche del 11 de abril del 2002.


Hoy, Arias Cárdenas es viceministro de relaciones exteriores para América Latina y el Caribe.

¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

¿Dónde están? (Prohibido olvidar, 8)...

0 Comentarios para la Caja

Hace apenas 7 años, Venezuela vivió uno de los acontecimientos políticos más estremecedores del último siglo.

Una marcha opositora, destinada a llegar al Palacio de Miraflores, fue disuelta con pistoleros y francotiradores (civiles, policías y militares). El saldo, 19 muertos y casi 200 heridos de bala. Esa masacre, responsabilidad del presidente Chávez quien ordenó la activación del Plan Ávila (plan represivo de la Fuerza Armada para la toma de Caracas), provocó la renuncia del presidente y la huída de todo el gabinete de gobierno.

Sin embargo, ese día hubo muchos protagonistas, muchas caras conocidas, algunas de ellas hoy desaparecidas, otras más encumbradas en el gobierno.

Estos desaparecieron de la escena pública, no se supo más de ellos:

  • Pedro Carmona Estanga. Presidente de Fedecámaras para entonces. Se autoproclamó presidente de la República en ausencia de Chávez. Fue apresado, trasladado a su casa (arresto domiciliario), de donde escapó para pedir asilo en la embajada de Colombia. Está en el exilio.
  • Carlos Ortega. Presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). Fue perseguido por el gobierno, capturado, encarcelado y logró fugarse de la prisión. Hoy está en el exilio.
  • Carlos Molina Tamayo. Vicealmirante. Designado por el gobierno de Pedro Carmona como Jefe de la Casa Militar. Pidió asilo en El Salvador.
  • Guaicaipuro Lameda. General de División. Fue ministro de Chávez. Nombrado Presidente de PDVSA por Pedro Carmona. Desconozco su paradero.
  • Néstor González González. General de División del Ejército. Se declaró en rebelión el 10 de abril. Se mantuvo en el país durante el 2002. Hoy se encuentra en el exilio.
  • Manuel Rosendo. General de División del Ejército. Fue encargado del Plan Bolívar 2000. Fue Jefe del CUFAN (Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional). El 11 de abril se negó a cumplir la órden del presidente Chávez de reprimir la marcha a través del Plan Ávila. Hoy, se desconoce su paradero.
  • Efraín Vásquez Velasco. General de División del Ejército. Luego de los acontecimientos en el centro de Caracas, retiró públicamente su apoyo al gobierno y al presidente Chávez. Su mando fue determinante en la renuncia del presidente Chávez y luego en la renuncia de Carmona. Se desconoce su paradero.
  • Leopoldo Martínez. Para ese momento, diputado del partido Primero Justicia. Fue nombrado ministro de Finanzas por el gobierno de Pedro Carmona. Se esfumó de la escena pública.
  • Héctor Ramírez Torres. Vicealmirante. El 11 de abril se pronunció contra el gobierno junto a otros oficiales. Fue nombrado ministro de Defensa por Pedro Carmona. Se desconoce su paradero.
  • Daniel Romero. El personaje que leyó los "decretos" del nuevo gobierno. Nombrado Procurador General de la República por el gobierno de Carmona. Primera y última vez que lo vi en público.
  • Isaac Pérez Recao. Empresario. Considerado por algunos como la cabeza que manejó la tramoya del gobierno de Pedro Carmona. Hoy, se encuentra en el exilio.
Sospechosamente, de estos dos últimos personajes, que tuvieron participación activa, pública y notoria, el gobierno de Chávez nunca ha hecho mención.

Otros protagonistas opositores de ese día, aún siguen teniendo vigencia: Enrique Mendoza; Henrique Capriles Randonski; Leopoldo López. Todos perseguidos por el gobierno, el primero y el tercero inhabilitados políticamente. Capriles es gobernador de Miranda, asediado por el gobierno central.

Prohibido olvidar (7)

0 Comentarios para la Caja

Uno de los personajes claves del 11 de abril de 2002 es el capitán Otto Gebauer. A su cargo estuvo la custodia del renunciante Hugo Chávez el 12 y 13 de abril, luego de los acontecimientos que desencadenaron su salida del Palacio de Miraflores.

Gebauer, también conocido como el capitán que vió llorar a Chávez, escapó a Perú tras la cacería que se armó en su contra; de allí volvió clandestinamente a Venezuela, donde fue apresado, juzgado y sentenciado a 12 años de prisión.

Desde el blog de Martha Colmenares, una nota escrita por la esposa del capitán Gebauer al recibir el mes pasado un "beneficio procesal":

Hola amigos, quiero compartir con ustedes la buena nueva.

Efectivamente el día viernes 13 de Marzo de 2009 le fue otorgado el beneficio de regimen abierto al Capitan en situación de retiro Otto Gebauer.

El cual está contemplado en el COPP Art 500 en adelante; de las formulas alternativas al cumplimiento de la pena.

Regimen abierto: cuando el penado ha cumplido, por lo menos, un tercio de la pena impuesta, el cual debe cumplir de lunes a jueves en un Centro de Trabajo Comunitario y de Viernes a Domingo en su casa.

El capitan Otto Gebauer fue condenado como complice por los delitos de Insubordinación y Privación Ilegitima de la Libertad del Ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías los días 11,12 y 13 de abril de 2002 a cumplir una pena de 12 años, 6 meses, 22 días y 12 horas de presidio, mientras que al autor de estos delitos, el Coronel Luis Beltran Vaamonde Rojas, lo condenaron a 3 años y 2 meses como autor culpable y responsable y le dan la Libertad Plena este mes de marzo.

En el caso del capitán no se puede decir que se ha hecho justicia ya que la pena que le impusieron como complice es mil veces mayor a la que le impusieron al autor, aparte que el no cometio ningun delito lo que hizo fue garantizar los derechos humanos de Hugo Chavez los días de abril de 2002, además todos los años que paso su hija sin él no tienen precio y eso nunca no los podran pagar, pero ahora lo tenemos en casa gracias a Dios y su hija esta feliz de tenerlo a su lado.

Yo espero que los demás prisioneros politicos tambien algún día puedan estar en libertad y quiero que sepan que siempre cuentan con nosotros porque no estamos con una libertad plena estamos bajo un regimen especial que le correspondía por ley.

Seguimos en la lucha y mil gracias y bendiciones a todos nuestros amigos que siempre han estado con nosotros.

Atentamente.
Ana Mercedes Peteh de Gebauer.


Aquí, una entrevista hecha en la clandestinidad al capitán, en la que relata los acontecimientos de abril del 2002.

Prohibido olvidar (6)

0 Comentarios para la Caja

La cadena presidencial del 11 de abril del 2002, 5ta parte.

Pocas horas después, el presidente Chávez fue obligado a renunciar por el Alto Mando Militar de entonces, encabezado por el general Lucas Rincón Romero. Así como renunció, dejó en manos de la Asamblea Nacional la sucesión presidencial, pues en la renuncia también destituyó al vicepresidente Diosdado Cabello.

La Asamblea Nacional estaba lista para aceptar la renuncia del presidente Chávez y nombrar el sucesor (o sucesora, claro). Ya estaba cuadrada una mayoría calificada para ello, la cual contaba con unos cuantos diputados del chavismo.

Luego de la renuncia, Chávez fue apresado y trasladado al Fuerte Tiuna. Los mandos militares de entonces no quisieron negociar su huída hacia Cuba, tal y como lo solicitaba repetidamente el lloroso comandante. De Caracas fue trasladado a la isla de La Orchila, donde permaneció bajo custodia de la Fuerza Armada (específicamente, del capitán Otto Gebauer).

¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (5)

0 Comentarios para la Caja

4ta parte de la cadena del 11 de abril de 2002.

¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (4)

0 Comentarios para la Caja

La cadena, 3era parte.


¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (3)

0 Comentarios para la Caja

La cadena, 2da parte


¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

Prohibido olvidar (2)

0 Comentarios para la Caja

Hace 7 años se produjo uno de los acontecimientos políticos más lamentables que ha sufrido Venezuela.

El 10 de abril de 2002, el país estaba paralizado producto de un llamado a huelga general indefinida hecho por la Conferederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y por Fedecámaras (que agrupa a los empresarios privados del país).

Recuerdo que ese día, factores políticos de oposición, liderados por los trabajadores de PDVSA expulsados por el presidente Chávez, convocaron una concentración en la sede de PDVSA en Chuao.

Esa tarde cayó un aguacero impresionante, mientras decenas de personas daban discursos desde una tarima. También ese día, el General de División Néstor González González se declaró en rebeldía contra el gobierno.

Al día siguiente, se desencadenaron los terribles acontecimientos que aún constituyen una herida abierta en nuestro país.

La ONG "Alianza Cívica de la Sociedad Civil Venezolana" elaboró un video de los acontecimientos del 11, centrándose en lo que fue la cadena presidencial que ocultó la matanza que estaba ocurriendo en el centro de Caracas.

Ese trabajo revela todo lo que ocurría mientras Chávez hablaba: los avances de la marcha, los enfrentamientos entre civiles, entre civiles y militares, la acción de francotiradores, heridos y muertos. Hay imágenes fuertes, de momentos en que algunas personas fueron alcanzadas por las balas asesinas.

Son varios videos. Este es el primero:



¡Ni olvido ni perdón! ¡Justicia!

11 de abril (escrito en el 2004)

0 Comentarios para la Caja

Marcha hacia la Muerte
(11-A, dos años después)


El 11 de abril me llena de recuerdos intensos y trágicos. Intensos, porque la cantidad y calidad de emociones que viví ese día por siempre quedarán grabadas en mi alma. Trágicos, porque el oscuro desenlace, la cantidad de sangre que corrió ese día; traducida en 20 muertos y 114 heridos; es algo que sencillamente no puede admitirse.

Haber estado presente en la marcha hacia el Palacio de Miraflores o hacia la muerte; es algo que aún hoy me estremece. El espíritu aguerrido de los miles de ciudadanos que ese día pusimos nuestras esperanzas en una marcha que debía terminar en una vigilia alrededor del Palacio hasta escuchar la renuncia del Presidente y de todo el Gobierno, se tradujo en el inolvidable grito “¡Ni un paso atrás!”. Pero no, el grotesco desenlace de ese día revela que había una decisión clara en el Gobierno: la consigna era –y es hoy- no dejar expresar el sentimiento de malestar y mucho menos hacer algún acto de contrición que permita la gobernabilidad y viabilidad del país.

Mi 11 de abril comenzó con esperanzas, al salir en la mañana rumbo a la marcha, y terminó en el asco más profundo y la incomprensión más absoluta al ver en la noche por la TV a venezolanos disparándoles a mansalva a otros venezolanos desde un puente caraqueño (Puente Llaguno, desgraciadamente famoso desde este día). La protesta democrática fue deformada en crimen por los agentes del oficialismo, lo que degeneró en una matanza sin precedentes.

Al salir de la Avenida Bolívar me percaté de que la situación estaba bastante mal. Con el sol a cuestas y el cansancio de la larga caminata por la autopista Francisco Fajardo (que desde ese día más nunca será la misma), el último tramo de la marcha comenzó a ponerse peligroso. La ruta hacia el Palacio de Miraflores pasaba por la Avenida Baralt; la Plaza O´Leary y el Liceo Fermín Toro, pero la cantidad de gases lacrimógenos que se respiraba en el ambiente hizo correr a unos cuantos y asfixiaron a otros. La marcha se dispersaba en el Centro, mientras corrían rumores de enfrentamientos armados con los círculos bolivarianos. Decir “enfrentamientos” es mentir; pues una cosa es tener una pistola, posición de tiro y un escondite y otra es marchar al descampado, con las cabezas como objetivos de guerra.

El paso por la Avenida Baralt, en medio de lluvias de piedras y supongo que de balas también, me dejó ver algunos heridos, con sangre en los rostros y cabezas. Definitivamente, las cosas iban mal.

Pero había que continuar. La maldita cadena presidencial impedía conocer lo que ocurría a través de los medios masivos. El colapso de los teléfonos celulares nos dejó completamente aislados, en medio de ráfagas que se oían cerca pero cuyos orígenes no podíamos divisar con certeza. La Plaza O´Leary y las escalinatas de El Calvario eran bastiones de la masa opositora que ya tomaba puestos de combate, pues más arriba se estaba llevando adelante una verdadera batalla. El signo más alarmante que tuve de que esto iba más allá de los enfrentamientos convencionales fue cuando, queriendo aproximarme al Liceo Fermín Toro donde estaba la punta de lo que quedaba de la marcha, alguien bajaba a la Plaza O´Leary gritando desesperada y triunfalmente: ¡vamos, suban, el semáforo es nuestro!

¡El semáforo es nuestro! Esas palabras me retumbaron por mucho tiempo en la cabeza. Eran la declaración fáctica de una guerra civil; el grito de guerra entre hermanos que jamás hubiese querido escuchar. La táctica militar volcada a nuestras calles y avenidas, en donde se peleaba casi cuerpo a cuerpo con el enemigo (otro venezolano), y donde era necesario tomar posiciones, un semáforo, un kiosco, un callejón, para no morir en combate y avanzar sobre el objetivo final: el Palacio de Miraflores. La guerra estaba declarada.

Pero el Gobierno estaba preparado para esto. Sabían que, tarde o temprano, miles de venezolanos macharían al Palacio para expulsarlo o pedirle su renuncia en pleno. Es lo que ocurre en todos los países. En cualquier país el Palacio de Gobierno no es una fortaleza inexpugnable, un fortín cercado por batallones militares, baterías antiaéreas, tanques de guerra, ni se cierra el perímetro de acceso a los ciudadanos. Aquí sí. Somos incomprensiblemente originales.

Estaban preparados, armados hasta los dientes, con los escondites listos para cuando les tocara correr, como en efecto ocurrió. Con las declaraciones listas para CNN y la BBC. No de otro modo se puede entender que francotiradores apostados en edificios cercanos al Palacio y en edificios del Gobierno (la Cancillería, por ejemplo, hay documentos audiovisuales que sustentan esto), jamás hayan podido identificarse, estando la zona totalmente tomada por los militares afectos al Gobierno y por sus simpatizantes civiles. No de otro modo se entiende que asesinos de la talla de Richard Peñalver estén en la calle, con título de héroe; mientras se persigue, hostiga, amenaza, encarcela y tortura a manifestantes de la oposición. No de otro modo se entiende que el helicóptero de la DISIP, que nos escoltó durante todo el recorrido de la marcha, se haya desaparecido misteriosamente cuando llegamos al Centro de la ciudad y no haya podido identificar las posiciones de los francotiradores y neutralizarlos. No de otro modo se entiende la maldita cadena presidencial, justo cuando estábamos dejando atrás a la Avenida Bolívar, lo que resultó una especie de “señal”, de “luz verde”, para que los asesinos accionaran sus armas con la firme creencia de que nadie los estaba viendo.


Por supuesto que no soy tan ingenuo como para pensar que los líderes de la oposición convocaron a una virginal marcha de Parque del Este a PDVSA Chuao. Todos sabíamos que no iba a quedarse allí no más. En el recorrido de la marcha el ambiente era ir más allá, pues la situación era insoportable en aquel momento: MIraflores surgía espontáneamente de nuestras bocas, sin la instigación de nadie.

Quienes comulgan con el credo revolucionario, creen que los opositores fuimos llevados como borregos hacia el “matadero” (habría que preguntarse quién preparó de verdad el matadero). Que fuimos manipulados perversamente por los medios de comunicación. Que los líderes de la oposición nos “envenenaron” y nos inyectaron odio en las venas, aunque no se hayan atrevido a ponerle el pecho a las balas.

Ese mismo día, en la noche, fui increpado acerca de mi participación en los hechos, mientras me decían que todo eso estaba preparado por la oposición, lo cual despertó mi indignación. Vino todo el tinglado de tonterías que siempre sueltan los revolucionarios cuando están desnudos en su miseria. Enseguida me pregunté: ¿por qué los opositores son manipulables por los medios de comunicación y los chavistas no lo son? ¿Por qué los opositores son “envenenables” por sus líderes, pero los revolucionarios no? ¿Por qué los opositores sí están llenos de odio y los oficialistas solo de amor? Todo esto me lleva a pensar que entre las filas revolucionarias hay una especie de auto-percepción, muy errada por cierto, de que están por encima de ciertas cosas y de ciertas personas. Lo cual los convierte en una casta, una peligrosa casta que, armada hasta los dientes, puede decidir llevar a cabo una labor patriótica de limpieza de todo aquello que no sirva para sus fines.

En fin, en lo que a mi respecta, fui a la marcha del 11 de abril y no me arrepiento. Una y mil veces volvería a marchar ese día. Es más, si la vida me volviera a poner en ese lugar y en ese momento, iría más allá de donde fui, aguantaría más gases lacrimógenos y me hubiese acercado al semáforo aquel para avanzar sobre otros “objetivos”.

No acepto que la masacre del 11 de abril, ni las muertes ocurridas en los Valles del Tuy, ni en Los Próceres, ni los heridos de bala de la marcha hacia el CNE en septiembre del 2002; ni los militares asesinados de la Plaza Francia; ni los heridos de la marcha de COPEI en Petare; ni los muertos y heridos en una concentración de la CD en Catia; ni el ataque de los Tupamaros y Carapaicas a la PM en el 23 de Enero; ni los emboscados en La Campiña; ni los muertos, heridos, maltratados, torturados del 27 de febrero en adelante; ningún hecho en que el chavismo ha sido parte activa, haya sido esclarecido por la justicia venezolana. Que no me hablen de independencia del Poder Judicial ni de resquicios democráticos en el TSJ, si ni siquiera hay un solo detenido por ninguno de estos hechos.

El 11 de abril es un momento de inflexión. Un día que para mí siempre quedará en mi memoria como el día que los venezolanos dijimos ¡basta! y le demostramos al mundo que no hay balas que nos detengan ni sangre que nos acobarde. Que no hay persona alguna sobre nuestro país que pueda aplastar a una mayoría y manejarla a su antojo, sin que sufra las consecuencias.

Hoy, dos años después, recordemos a nuestros muertos, es decir, a todos los venezolanos que cayeron ese día, sean cuales sean sus circunstancias. Dolor y muerte, ese fue el trágico resultado del 11 de abril, un día que amaneció con esperanzas y terminó con la amargura de la sangre en la calle.

Lo que vino después de la marcha es historia; el golpe (claro que hubo un Golpe de Estado); las palabras mágicas de Lucas Rincón (“… se le solicitó al Señor Presidente de la República la renuncia a su cargo, la cual aceptó”); el absurdo del Gobierno de Pedro Carmona de eliminar de un plumazo los poderes públicos; la ultra-derecha asomando su hocico ante el asombro de todos; el sainete de dos golpes de Estado en menos de 72 horas, dados por militares, sin que se hubiese disparado una sola bala o hubiese una sola baja. Porque Chávez fue depuesto por un golpe de un grupo de militares y fue devuelto al Gobierno por otro golpe, de otro grupo de militares. Esa fue la verdadera historia de todo esto.


La marcha del 11 de abril está inconclusa. Llegará el día en que cientos de miles de venezolanos puedan marchar sobre el Palacio de Miraflores y terminar aquella jornada, sin muertos ni heridos, más bien con la serenidad de quien cumple con un objetivo (político, en este caso) y la alegría de un nuevo comienzo.

Y espero estar allí cuando eso ocurra.