El Tibet

Buscando en mi memoria, encuentro poco relacionado con el Tibet: mis principales asociaciones son con una tierra mística, donde se practica el budismo y donde hay un señor que llaman Dalai Lama que debe ser muy importante.

Pues bien, desde hace pocos días he venido leyendo y escuchando en los medios de comunicación al Tibet, pero esta vez en medio de un levantamiento ¿civil? ¿religioso? ¿político? que está ocurriendo en esta tierra.

Pero empecemos por el principio. El Tibet es una región autónoma del suroeste de China, en el Asia Central, siendo Lhasa su capital. Si bien su historia por siempre estará unida a la de China, es bueno recordar que China invadió al Tibet en 1950 y hasta hoy en día mantiene un control -en ocasiones férreo- sobre esa región.

El Tibet, para mí sorpresa, es una región que territorialmente es más grande que Venezuela (tiene 1.222.000 Km cuadrados). Una región autónoma se supone más pequeña, al menos desde mi pequeña perspectiva, pero eso no cuenta cuando se habla del continente asiático y del país más habitado del planeta (China). Sin embargo, apenas tiene 6 millones de habitantes, menos de la cuarta parte de lo que tiene nuestro país. Geográficamente, es una tierra interesante. El promedio de altura está alrededor de 3.500 mts sobre el nivel del mar, lo que indica que las condiciones de vida deben ser bastante duras. De hecho, el Everest, la montaña más alta del planeta, está en la frontera del Tibet con Nepal.


La mayoría de la población es budista. Tienen al Dalai Lama como guía o líder espiritual (imagino que líder político también).

Las protestas recientes se supone que están relacionadas con la liberación del Tibet. Sin embargo, el férreo control que tiene China sobre la información que sale de allá, ha impedido que se sepa en el mundo cuál es la magnitud de los sucesos. A juzgar por los medios occidentales, la rebelión ha sido importante:

El Mundo (España)

Las protestas de Lhasa, las peores en dos décadas, se iniciaron con las manifestaciones pacíficas que los monjes budistas llevaron a cabo el pasado 10 de marzo con motivo del 49 aniversario de la fallida rebelión tibetana contra el dominio chino.

Entretanto, el Dalai Lama fue señalado por el Gobierno chino como instigador de las revueltas, si bien éste anunció pocas horas antes que dimitirá como líder espiritual y político de los tibetanos si éstos "escogen la violencia" para resolver sus conflictos con las autoridades chinas.

Diecinueve manifestantes tibetanos han muerto este martes por disparos de la policía en la provincia china de Gansu (noroeste del país), anunció al gobierno tibetano en el exilio, que ha "confirmado" la muerte de 99 personas en los recientes disturbios en Tíbet.

"Esto ha ocurrido fuera de Lhasa. Han matado a 19 personas en Machu, en la provincia de Gansu. Hubo una manifestación esta mañana en Machu y la policía cargó contra ellos", declaró Thubten Samphel, portavoz de la administración tibetana en el exilio.

BBC Mundo:

El primer ministro de China, Wen Jiabao, acusó al dirigente espiritual tibetano en el exilio, el Dalai Lama, de instigar los recientes disturbios en Tibet, en parte para sabotear los próximos Juegos Olímpicos de Pekín.

ADN Mundo:

A la pregunta de si China cree que el líder espiritual tibetano debería ser incluso procesado, el portavoz de la cancillería china Qin Gang respondió que "al menos, tendría que ser juzgado moralmente".

La situación en Tíbet se ha calmado pero parece lejos de normalizarse. El ultimátum dado por Pekín para que se entregasen los autores de las manifestaciones de los pasados días ha expirado y, desde anoche, la policía china recorre Lhasa casa por casa para detener a sospechosos de participar en los disturbios.



Lo cierto del caso es que la situación parece entramparse. Si el gobierno de China sigue reprimiendo a los manifestantes e intentando aplastar focos de protestas, pues se convertirá en foco de atención mundial (lo que incluye los organismos que velan por los derechos humanos y los siempre cuestionados medios de comunicación). No hay que olvidar que en pocos meses China será país anfitrión de los Juegos Olímpicos.

Ojalá el Tíbet siga fiel a su tradición, o al menos al posicionamiento que tenía en mi mente: una tierra de paz, de sentido místico, de esperanza.

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