El mundo (del) bipolar

En octubre de 1962, hace más de 45 años, el planeta entero vivió la zozobra de estar al borde del estallido de la 3era Guerra Mundial.

En Cuba, la Unión Soviética intentaba desplegar una base de lanzamientos de misiles, con capacidad para transportar ojivas nucleares y alcanzar territorio estadounidense. Aviones espías de la Fuerza Aérea de Estados Unidos fotografiaron la base de misiles, no del todo operativa en aquel entonces, y se armó el escándalo mundial.

Recordemos que en 1962 John Fitzgerald Kennedy era el presidente de Estados Unidos y Nikita Kruschev era el líder soviético. En Cuba, Fidel Castro cumplía 3 añitos de haber tomado el gobierno.


Apenas 17 años habían transcurrido después del fin de la Segunda Guerra Mundial (entre la 1era y la 2da Guerra mediaron 20 años). En 1945 cayó la Alemania de Adolf Hitler, a manos de los Aliados; mientras sobre Japón caían dos bombas atómicas que obligaron a su rendición incondicional.

A partir de entonces, los Aliados prácticamente se repartieron el mundo: Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas hicieron del planeta un lugar en que predominaban dos ideologías, dos formas de ver la vida, mientras que su poder de fuego ensombrecía la cada vez más difícil pluralidad.

Como en una perfecta regresión, después de la barbarie y retroceso cultural que significaron las dos Guerras Mundiales, el mundo entró en una etapa (por así decirlo) "adolescente". Eso se llamó la Guerra Fría.

Cuando uno es adolescente, la vida de repente se transforma en blanco y negro. Es todo o nada. Sin muchos matices, pero con mucha pasión. Sin los necesarios grises, que siendo sinceros, a veces son muy antipáticos. Odiamos o amamos.

Así, la humanidad llegó a la "bipolaridad". O al mundo bipolar, en realidad. Pero esa etapa ya fue superada. Cuarenta y cuatro años después del fin de la 2da Guerra Mundial, la misma Alemania que dividió al mundo con el nazismo, en 1989 lo reunificaba tras la caída del tristemente célebre Muro de Berlín. Cayó el Muro y con él empezó a caer ese mundo bipolar. La disolución de la URSS fue cuestión de poco tiempo.

Asistimos perplejos, sin entender mucho qué es lo que estaba ocurriendo, al nacimiento de un supuesto "Nuevo Orden Mundial" (que en el mejor de los casos apenas fue un "Nuevo Desórden Mundial"). Ahora, el tablero quedaba con un sólo gran jugador: Estados Unidos. Comenzaba así una hegemonía que ha servido para granjearse el odio de gran parte del mundo.

Mientras todo eso ocurría, en Venezuela atravesábamos una de las peores crisis de nuestra historia contemporánea. El 27 de febrero de 1989 supuso una ruptura de nuestro proyecto democrático, comenzado en 1935 tras la muerte de Juan Vicente Gómez.

Podría decirse, tal vez forzando un poco la barra, que ese 27 de febrero entramos de nuevo en el siglo XIX, para no salir... al menos hasta hoy.

De esos vientos vienen estas tempestades. Mientras el mundo avanza, para bien o para mal, en medio de fraccionamientos, secesiones, guerras tribales, genocidios, invasiones, hambrunas... pero también en medio de cierto progreso de la democracia como estilo de vida y el cerco cada vez más poderoso de la justicia global sobre los diversos genocidas que han teñido de sangre la historia, en Venezuela seguimos anclados en el siglo XIX.

Para muestra, el peligroso botón que hoy nos mostró el presidente Chávez.
Hoy, nuestro presidente ha tenido la osadía de ofrecer territorio venezolano (como quien ofrece el patio de su casa para hacer una parrillada), para emplazar armas y tropas rusas. Un día pedimos cacao al mundo y otro día prácticamente se prostituye al país con tal de alcanzar cualquier mediocre designio socialista.

Si ésto no es la tan manoseada "traición a la Patria", entonces no se qué pueda serlo. ¿No traiciona al país quien lo entrega para permitir que fuerzas armadas extranjeras pisen nuestro suelo? ¿No es lo que se le critica tanto a Colombia como al Ecuador no socialista por permitir que Estados Unidos tenga bases y emplazamientos militares en sus territorios? ¿A cuenta de qué y desde cuándo comulgamos tanto con los rusos como para tenerlos metidos en casa? ¿A cuenta de qué se bota el dinero del país para fomentar una indetenible carrera armamentista contra Colombia? ¿Y qué hay con aquella otra palabra tan manoseada como es la "soberanía"?

Tenemos un gobierno que tiene el arquetipo adolescente estampado en el alma. Un presidente que se ve como un "muchacho todopoderoso", que encima está forrado de dólares (que no son suyos pero que los gasta a placer), y que por supuesto ve el mundo en blanco y negro. Un tipo que es capaz de revivir una bipolaridad que ya no existe con tal de figurar y ser parte de "algo" en el mundo. Un gobierno criminal, capaz de ofrecer la sangre y las tripas venezolanas para ser regadas en cualquier otro país, por cualquier causa ajena a nosotros... y ahora también ofrece nuestro territorio como si no le doliera a nadie.

¿Y qué haremos para evitar ésto? Probablemente nada. O poco, para no ser tan pesimista. Una que otra declaración altisonante y ya. Hasta el próximo escándalo. O hasta que entendamos que nada que sea bipolar puede durar mucho.

Así estamos.

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